martes, 12 de enero de 2021

Libertad

 

Ricardo Garcia-Aranda

Casabas, 120121


Con la nevada bien cuajada en los caminos, el tractorista le dice al caminante que si le acercaba al pueblo. Este, mirando la preciada pala que el tractor lucía en su parte delantera, le dijo al tractorista que gracias, que ya estaba llegando y no era necesario, pero que sí vendría bien que se ofreciera para ayudar a la limpieza de la nieve amontonada en las calles de la población. El tractorista no debió de encajar bien el educado consejo, porque contestó con desdén que bastante tenía con lo suyo.

Plena libertad tuvo el tractorista para ser, primero amable y luego insolidario. Con libertad decidió en ambas situaciones. Ejerció su derecho.

jueves, 22 de octubre de 2020

No diga Relatos, diga Fisuras

Nuestras fisuras: libritienda.com/inicio/1539-fi

No somos mármol pulido, nuestras vidas no lo son, la historia nos enseña que nunca jamás hubo periodos de mármol pulido, ahora tampoco y es imposible prever que en el futuro pudiésemos deslizarnos por un mundo sin grietas, sin rupturas. Esta colección de historias que presento en "Fisuras" van de eso, de personajes y espacios forjados en la quiebra del paraíso, mostrando, por tanto, sus reales fisuras.

Cada historia es una exposición de maquinaria humana puesta en funcionamiento. Vidas que en algún momento de algún lugar pueden haber sido reales. Y las introducciones poéticas suponen la válvula de acceso al sistema sanguíneo de cada una de ellas.

La mayoría de estos relatos han sido creados en los “tiempos del virus”, en los que se ha puesto a prueba, minuto a minuto, nuestra necesidad de tener miedo de los demás como medio de subsistencia. Aislamiento mental, más que físico, reduciendo las esencias de nuestra vida social a recelosas reuniones en las que huimos de la frontalidad, esencias temerosas, casi esperando perdón por parte de quien tenemos delante, por el hecho de estar ahí.

Pero con pandemia o sin ella, en estos tiempos de grandes avances tecnológicos y enorme déficit humanístico, para contar historias de humanos se puede hacer desde la contundencia del reproche o desde la misericordia de la complacencia. He querido ser autor que trata de compensar ambos aspectos, mis personajes reciben para sus imperfecciones el perdón del imperfecto, pero también la crítica del descontento.

Trato de evidenciar fisuras, pero solo unas poquitas, una milésima parte de las que rasgan nuestras relaciones, sentimientos y comportamientos en el engranaje social. “#Quedateencasa” fue un bien intencionado lema cargado con una pizca de prepotencia y aquellos personajes de “Mañana será otro día”, inquilinos del frio, la lluvia y las estaciones del metro o de los cajeros automáticos tenían algo que decir al respecto.

Contagio” es la batalla física, la enfermedad desde dentro, desde el lecho, desde el miedo del ataque vital. Con victoria o con derrota.

 La Leyenda del Palacio de Linares” y “El Accidente” nos hablan de las heridas que los inconscientes y egoístas comportamientos provocan, a veces de manera tremendamente dramáticas, en la vida o la muerte de otras personas. Esos comportamientos que queremos ocultar, que deseamos pasen desapercibidos con el tiempo como aliado, pero que el destino, a veces, lo termina poniendo entre nosotros y las personas a las que, irremisiblemente, dañamos.

Hay grietas en nuestros recuerdos, esos que pudieron forjar todo lo que después fue sucediendo, y que, solo tal vez, hubiésemos preferido que sucediera de otra manera. Nostalgia, como en “Niño, corta el agua” o “Piel de miel”, resignado dolor, como en “Remigia

El hombre que prefirió la nata a las fresas” cuenta una común decepción, cuando fuimos descubriendo el límite a nuestras ilusiones, el fracaso de quienes creíamos grandes espíritus. Es el hombre que se olvidó del objetivo de sus luchas y se resignó a la vulgaridad cotidiana, renunciando al destino glorioso que parecía perseguir y asumiendo esa comodidad forjada por una mezcla de egoísmo con la vanidad que provoca el poder.

Pero hay también cantos a lo ilusionante, fisuras magistralmente restauradas con la esperanza de avanzar hacia lo mejor, como “La sonrisa del ciclista”, con el disfrute del esfuerzo. “La Orquídea”, el amor sin firma. O la serie “Herida” y “Quanto é bello volare”, en los que cuando ya todo parece perdido, sin solución alguna, surgen nuevas vidas, con la gran fuerza del amor, sobre las que habían ido quedando definitivamente en esos precipicios del sendero.

Como resurgen igualmente propulsadas con esa misma fuerza las vidas en “La Atalaya de los cubos de Granito” tras una larga hibernación y “Página 19”, tras la plácida pesadilla. En Frexulfe y en La
Caleta, dos magníficos rincones para restaurar “la gran fisura”.

Sonreír ante la muerte, en “Tanatorio

Apenarse ante las vidas frustradas, en “Silencio”,

Esperanzarse nuevamente con el sueño de la libertad vital en “El Pescador que hablaba con los peces”.

La aceptación de una eternidad entre amigos en “La Cena”.

Y también, ¿por qué no? un pequeño capricho futbolístico en “El Empate”.

Y “Maimuna”, un pequeñín apunte sobre una enorme fisura: las gentes de África en un devenir más o menos cotidiano. Una ventana desde nuestra absoluta ignorancia sobre las mujeres, los hombres que allí viven y que ocultamos en nuestra prepotente cultura occidental con el barniz oscuro del estereotipo.

Como remate, quiso mi amiga Luz que devolviéramos la vieja historia de “El Toro” en estas nuevas páginas y aquí estará también, mostrando la tremenda fisura ensangrentada del maltrato a los animales con el único objetivo de la diversión.

Veintiuna historias contadas en pocas páginas cada una, para que la lectora o el lector no se canse fácilmente de ir visualizando una importante cantidad de personajes, ficticios casi todos ellos pero que a buen seguro reconoceremos en nuestros respectivos entornos. Porque no son historias inexistentes por mucho que el autor se las haya inventado.

Ricardo Garcia-Aranda Rojas (#RicardoGAranda)


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Contagio

 Apenas puedo distinguir entre lo real de mis últimas horas, o tal vez días, no lo sé muy bien. He despertado fuera de mi sitio, en una estancia alargada, más ancha que un pasillo, pero más estrecha que una sala normal de hospital. Porque estoy en un hospital, es obvio, salvo que esté soñando. Quienes pasan por mi lado son profesionales sanitarios. Y huele a hospital, hace calor de hospital, no hay duda.

Necesito salir de aquí e intento recordar cómo comenzó todo. Yo me sentía muy lejos, me resultaban extrañas las noticias confirmadas por gentes conocidas a través de sus mensajes.

domingo, 30 de agosto de 2020

Fisuras, veinte historias.


Ricardo GAranda

300820 Casabas


La cancelación de la Feria del Libro de Madrid de este año retrasará, entre otras cosas de menor importancia, el momento de contaros unas historias que han estado girando en mi cabeza durante un tiempo. 
Algunas ya fueron saliendo en distintos momentos, otras han ido abriéndose paso en los últimos meses de este maldito 2020. Incluso, es posible que antes de que salgan definitivamente a la luz en forma de libro, se incorpore alguna más. Tengo un pedacito de alma en Senegal y es muy posible que de allí venga alguna vida que merezca ser contada. Ya veremos. 
De momento hay listos veinte relatos que estoy deseando ofreceros para la reflexión y el divertimento.

jueves, 6 de agosto de 2020

La Mascarilla



Ricardo Garcia-Aranda
070820- @rgarciaaranda

Este diminutivo de máscara no parece continuar con las condiciones que definen al artilugio de dónde deriva su nombre.
La máscara suele ser útil para ocultar la cara, el gesto, la personalidad física de quien la lleva puesta. Podríamos entender que una máscara más pequeña, es decir, una mascarilla, debiera ser útil para ocultar todo ello de una manera más limitada, más reducida.
Pero no, miren ustedes que, de alguna manera, parece que hay gente empeñada en utilizar la “pequeña máscara” justo para lo contrario de lo de su matriz lingüística: para pregonar en voz alta y a los cuatro vientos su posición personal ante la vida, ante la sociedad, para hacer apología de su ideología. En definitiva, para decir quiénes son y que piensan.