Ricardo Garanda, 130123
"Cuando doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero cuando pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista." (Helder P. Cámara, 1909-1999. Obispo brasileño)
Lo cierto es que todas y
todos estamos bajo el mismo paraguas y es en ese espacio global capitalista,
desde dónde podemos buscar alternativas de funcionamiento social y humano, pero
desde ahí.
Para entendernos,
agrupamos los pensamientos en grandes colectivos, nosotros también, uno a uno y
una a una, nos incorporamos a lo que entendemos como colectivo dónde se agrupan
quienes piensan, más o menos, como nosotros. Así hay un pacto mundial para
definirnos como de derechas o de izquierdas, conservadores o progresistas, con
variantes de “muy derechas” o “más izquierda”.
Pero claro, salvo algunas
pocas excepciones en este mundo, ni a las izquierdas debiéramos definirlas como
comunistas o socialistas, porque ninguna de las dos definiciones sirven para
identificar un modelo actual y real de funcionamiento de las estructuras sociales
y políticas. En todo caso, podríamos aceptar el concepto de Socialdemocracia,
que surge en el seno del “Sistema” como la opción mundial defensora de un
Estado de bienestar que debiera garantizar los servicios públicos para los
sectores sociales con menos posibilidades de avanzar en las demandas del
capitalismo excluyente. Tampoco nos debiera servir la definición de
capitalistas para las personas ideológicamente de derechas porque, como ya
hemos dicho, ese concepto nos incluye a todas y todos, porque todos y todas
existimos bajo el techo del sistema capitalista.
¿Entonces?
Yo creo que podemos
hablar de otros cánones para medir las diferencias. A mí el que más me gusta es
el de la Solidaridad. También una actualización del concepto de lucha de clases,
confrontando intereses, podría valer, aunque resulta demasiado determinante.
Por eso me gusta más el de la Solidaridad, es más horizontal y nos permite algo que no tendríamos en la determinación de la pertenencia a la clase, solidario depende más de la libre decisión de querer serlo. Puedes ser un trabajador explotado y ser insolidario, aunque eso suponga perder tus apoyos para liberarte de esa explotación. Puedes ser de una clase económica acomodada, e incluso rica, y decidir ser solidario, de una manera o de otra, y aceptar una ideología que te incline a ayudar a sectores sociales a que consigan objetivos de bienestar que tú ya posees.
Pero hay que asumir que,
si utilizamos el nivel de Solidaridad para medir nuestro comportamiento social
e ideológico, no estamos utilizando un concepto que se pueda definir como
partidista, tal vez ni siquiera político. Estamos hablando de un concepto más
humanístico, y nos complica un esquema de divisiones que nos permite definir
rápidamente y sin muchas complicaciones, en que grupo encaja cada uno.
Pongamos algún ejemplo:
Si una persona decide abandonar su círculo profesional y vital cómodo para irse
de voluntaria a trabajar con una ONG a ayudar a la gente en zonas deprimidas
por pobreza, enfermedades o guerras, ¿Es de derechas o muy de derechas o de
izquierdas o de más izquierdas? Ni se lo
preguntaremos, nos dará igual, coincidiremos todos en que es una persona con un
elevado grado de solidaridad y nos bastará. Pero este caso es demasiado claro.
Busquemos otro más
sofisticado: Si las religiones Cristianas tienen una base ideológica de
generosidad solidaria, ¿a toda persona que se defina como creyente cristiana se
le puede atribuir “per se” un nivel alto de solidaridad?
Pero, en cualquier caso,
las individualidades solo sirven para influir en los objetivos sociales si se
agrupan. Un voluntario, por su cuenta, puede hacer muy poco en los campamentos
de refugiados Rohingyas de Bangladesch. Igualmente, una cristiana, en su
individual militancia, jamás habría podido hacer una Iglesia que se marcara
objetivos benéficos.
Los partidos políticos terminan definiéndose por la diferencia de sus planteamientos entre egoístas o solidarios. Lo que se está autodefiniendo como Liberalismo, nos cuenta un mensaje de puro egoísmo insolidario: nada de impuestos, nada de que cada una y cada uno aportemos, según nuestras posibilidades, para que el Estado intervenga y cubra las necesidades vitales, de educación, de sanidad, de atenciones humanitarias de todo tipo, para la gente con menos posibilidades de pagárselo por sí mismo. Esa ideología se opone a que ese Estado pueda asegurar que todo el mundo tenga garantizados esos servicios mínimos imprescindibles.
El sentido de la
Solidaridad está en las mentes de quienes apuestan por lo contrario: la defensa
del Estado del Bienestar. Que defiende como núcleo central y definitorio la
ideología Socialdemócrata.
Pero, incluso, creo que con
estos conceptos nos seguimos quedando cortos: no nos bastaría con tratar de
identificar a todo el mundo como liberal o como socialdemócrata. Por tanto, tal
vez, en lugar de esforzarnos en identificar a las personas como fachas,
liberales, derechosas, socialdemócratas, socialistas, rojas, comunistas, etc…tendríamos
que identificarlas como solidarias o insolidarias.
Para mí, ante una persona a la
que podamos definir como SOLIDARIA, consideraré que su ideología la sitúa en el
máximo nivel de comportamiento social, y procuraré estar a su lado. Pero
cuidado, si nos tomamos en serio este modelo de identificación, nos podemos
encontrar muchas sorpresas que, hasta ese momento, no habíamos valorado.
En mi opinión una persona, hombre o mujer, que sea solidaria, no puede apoyar organizaciones políticas autodefinidas ultraliberales en lo económico, que practican el egoismo insolidario y se inclinara más por otras opciones más acordes con sus principios de solidaridad.
ResponderEliminar