viernes, 24 de marzo de 2017

La lección de la Jueza Alaya


Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)



¿Quién vigila al vigilante? Llevamos siglos queriendo responder a ésta cuestión, y no sabemos hacerlo.
En condiciones normales de fiabilidad, esto ha venido siendo un problema filosófico que podría llenar páginas y páginas de especulaciones intelectuales. Pero no vivimos tiempos normales. Tampoco es nuevo, ha habido otros momentos de la historia en los que “no eran tiempos normales”. Y no hemos salido bien parados.

Resulta que NO nos fiamos de los vigilantes, y ese recelo unido a la pregunta anterior nos crea cierta angustia social.

Que la jueza que ha sustituido a la magistrada Mercedes Alaya nos diga ahora que algunas personas de las que fueron imputadas y se les obligó a pagar fuertes fianzas ahora no solo no son culpables sino que jurídicamente se las puede considerar como “víctimas”  nos obliga necesariamente a replantearnos, una vez más, muchas cosas.

Gonzalo Fuentes, sindicalista de CC.OO. ha  vivido un verdadero calvario. ¿Quién le devuelve la pérdida de credibilidad, la duda sobre su honestidad, las miradas de reojo, no solo a él, también a su familia y a los compañeros y amigos que hayan “osado” defenderle durante este tiempo? ¿Quién le devuelve a Gonzalo  las horas no dormidas?.

Y como él, otros y otras. Es imposible reponer el daño. Pero, aun siendo la magistrada Alaya la responsable directa de esta tremenda injusticia, el resto de la humanidad ¿no asumimos nuestra responsabilidad?
Es muy fácil, en cuanto un o una juez pone el ojo encima de alguien, define públicamente sus sospechas de culpabilidad y le impone cualquier tipo de fianza para que no escape, el resto de las gentes de éste País tendemos a considerar que la persona imputada es un ser despreciable que no merece ninguna de nuestras democráticas dudas sobre su culpabilidad. Ni ella ni sus gentes más próximas. Sobre todo si son del equipo contrario.

A Gonzalo Fuentes y a otros muchos y otras muchas ¿ le ha jodido su vida sólo la jueza Alaya?. Si eso fuera así, parecería que los demás hemos esperado a la resolución del juicio para valorar su culpabilidad y la de la organización dónde milita. Pero esto no ha sido así y somos conscientes de ello.  De hecho, sin la participación negativa de los grupos sociales y de las personas de forma individual, Gonzalo no hubiese sufrido más que las consecuencias técnicas de una acusación judicial. Resuelta ésta todo volvería a su ser, al punto vital en el que se encontraba antes del grave error.

Y mucho me temo que en nuestro país hay  miles de casos como los de Gonzalo. En la mayoría puede que la culpabilidad se confirme, pero ¿y en las que no?

Lo de la magistrada Mercedes Alaya tiene todas las trazas de haber sido un escándalo de superficialidad, prejuicios y valoraciones injustas desde el principio, al menos eso nos ha ido pareciendo a muchos. Llegó a atreverse a imputar a políticos por ejecutar decisiones aprobadas en el parlamento autonómico, por mucho menos han retirado a jueces de sus causas antes que a ella. Pero ha provocado una situación que nos tiene que obligar a reflexionar sobre estas situaciones, nos guste o no, dependiendo de en qué equipo juegue cada uno.

¿Vamos a hacerlo?. Ya veo.

En cualquier caso, cuándo con razón, como es el caso, o sin ella, los ciudadanos y las ciudadanas no nos fiamos de quienes tienen que administrar nuestro poder, es inevitable sentir la necesidad de quererlo recuperar. Mi última pregunta  ¿Tal y como nos comportamos, qué haríamos con él?

Esto tiene que cambiar.



miércoles, 22 de marzo de 2017

Viejuna todos a una


“Las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”
Bertold Bretch

Algo no debe funcionar demasiado bien en un rincón de la calle Ferraz cuando se nos pretende vender como renovación algo que tiene el apoyo de lo más recalcitrante y viejuno del aparato. Como decía aquella célebre novela de Lampedusa, El Gatopardo, "algo debe cambiar para que todo sea igual".

LA REBOTIKA
@El_Botika Viñeta
@romerojl Texto 

lunes, 20 de marzo de 2017

De vez en cuando la vida...

De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.


 Hola de nuevo. Ya iba siendo hora de volver a sacar a pasear el ojo. Como habréis podido ver, he titulado esta entrada con la canción de Serrat. Y es que de vez en cuando, hay que romper con la rutina y darle una oportunidad a la vida


 Y algo así es lo que hemos hecho esta semana pasada. Nos hemos dado una oportunidad para sacarla a pasear en volandas, y compartir esos momentos que hacen que merezca la pena vivirla



 Para completar el atrezzo, el Cantábrico, con su mar indómito poniendo música y viento al encuentro de tres camaradas con ganas de sonreir...


... viendo las puestas de sol, paseando por sendas adornadas por el paraiso natural que tiñe de verde el norte de esta piel de toro.



De vez en cuando la vida,
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela

  

De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.
 

 De vez en cuando la vida, te brinda un amigo, o dos, o tres... o los que hagan falta, que te acompañan en el camino, y se asoman contigo a contemplarla pasar...



En fin amigos, que de vez en cuando la vida te hace regalos tan bellos como los que hemos compartido esta semana. Gracias por ser. Y por estar.





JLROMERO
@romerojl

martes, 14 de marzo de 2017

Ego-Werth



¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?



Groucho Marx 

 El pabellón de hombres ilustres no requiere necesariamente ser habitado por los mejores. Algunos se empeñan en ser recordados por sus errores. Es un despropósito que por el mero hecho de haber sido ministro, aunque haya sido el más denostado de la democracia, y aquel que mayores dosis de rechazo han atesorado, se empeñen en recordarnos su nefasta gestión con un recordatorio que debemos pagar entre todos.

Ya lo decía Wilde: "Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti" y algunos se toman mucho empeño en ello. Aunque sea para hablar mal.

LA REBOTIKA
@El_Botika Viñeta
@romerojl Texto

domingo, 12 de marzo de 2017

Compartiendo

Hace un par de días, este rincón donde compartimos las reflexiones y  reflejos que nos devuelven los espejos ora cóncavos, ora convexos de la realidad, cumplía cuatro años de vida. Una eternidad en la efimera vida de la red. Y reflexionando sobre esa efeméride y lo que nos une a los que aquí nos desahogamos cada uno a nuesta manera, me ha venido a la cabeza esta imagen.


No es una gran imagen. Ni siquiera es la mejor de ese día. Por no estar, ni estan todos los que allí estaban. Pero representa ese concepto que da título a esta entrada. Compartir. Compartir mesa. Compartir risas. Compartir amistad.

He querido recuperar la seccion de las palabras y la mirada en este aniversario del blog con una imagen que ya tenía un lustro cuando nació Reflejos. En aquella ocasión viejos camaradas de media vida compartiendo cosas, incorporaban al grupo a otros nuevos compañeros, y alguna compañera aunque no salga en la imagen. Y todos compartiamos mesa, (sin necesidad de mantel) buen vino, y risas. Sobre todo risas.

Hoy con algunos ya solo compartimos recuerdos. Varios han pasado a ocupar nuestro paraiso de la memoria, el más reciente, César (en la foto de espaldas a la izquierda). De ellos nos quedará el recuerdo compartido y las cosas que aprendimos.


Otros seguimos manteniendo prendida esa chispa compartida, que como los buenos vinos, va ganando con los años. Con otros, la vida te acerca o te aleja en función de que tren o barco cojamos cada cual, pero quiero creer que seguimos compartiendo lo fundamental.

Al fin y al cabo, como primates avanzados, sólo nos distingue del resto del mundo  animal la capacidad racional de interactuar con una mínima inteligencia con los demás. Somos animales sociales. Y de ahí nace la necesidad de compartir.

Por todo eso, solo aquellos grupos construidos sobre el compromiso compartido de quienes lo componen tienen esa solidez consistente que resiste los avatares del tiempo. Lo demás, solo son fuegos de artificio.

Alzo mi copa por los viejos y buenos amigos. Por ese compromiso compartido con los años. Y brindo por otros cuatro años compartiendo Reflejos.

Salud

JLROMERO

@romerojl

viernes, 10 de marzo de 2017

Puerto de Vega

                                                       Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)             





Cuándo nos encontramos con el cartel turístico abandonamos la autovía bipolar del Cantábrico,  arriba y abajo, viaducto y túnel hasta que llegamos a ese cartel que nos indica la salida a Puerto de Vega. Veiga para los puristas del lenguaje astur. Simplemente Vega para la mayoría de paisanos y paisanas. El cartel nos envía por Villapedre y así evitamos cruzar Navia, capital del Concejo.
Ya en Vega abandonamos el auto, no lo vamos a necesitar en algunos días, hasta que queramos ir a algún mercadillo cercano en Luarca o Navia, a Ribadesella a por orujo o nos apetezca hacer una incursión por los increíbles rincones del interior, esa zona de valles y montañas desde la que no se llega a perder la vista de la costa.

Apurando hasta el final la calle Real, bajamos por La Riva y llegamos al mirador de la costilla de ballena. Porque Vega fue un importante puerto ballenero, pero hace ya mucho de eso. Desde el mirador, por La Sarrietera, la calle balcón vemos la entrada del puerto, el puerto entero, los barcos, las casas y el baluarte con sus cañones adornando el frente. Antes de bajar, callejeamos un poco y tomamos una cerveza en la plaza de Cupido. Bonito nombre para una preciosa placita que conserva un recuerdo indicando dónde vivió el controvertido periodista López Oliveros.  Al  lado está la casa donde vivió, escribió y murió el gijonés Jovellanos, dando nombre a la calle, por supuesto. Pero vamos a subir por la Calle Vieja para acercarnos a la expuesta explanada de la Atalaya, con su ermita marinera, con su placa dejando claro que esas viviendas sociales se hicieron en la época del antiguo régimen.