viernes, 21 de abril de 2017

Licencia para Robar

 Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)


La pregunta es si de verdad la conciencia democrática de nuestro País podrá soportar tanto abuso, tanta inmundicie egoísta de nuestros gobernantes y gestores.

Ya cuándo el PSOE de la Gestora cometió el grave error de abstenerse en el Parlamento para que D. Mariano Rajoy pudiese hacer gobierno, algunos lo dijimos, yo por escrito, que estaban avalando la decisión de que en la práctica no es un obstáculo la corrupción para poder gobernar. Se puso el listón muy bajo y ahora hay golpes de pecho que suenan a falso.
Es verdad que hay mucha gente que sigue votando a este Partido Popular, y lo hacen por una cuestión nada sorprendente: hay mucha gente que no se asusta de esta corrupción porque ellos son esencialmente de naturaleza corrupta, por un buen dinero están dispuestos a mucho, desde luego a no preguntar de dónde sale y a quien perjudica.

Pero el Parlamento tiene la obligación de funcionar con protocolos que garanticen la honestidad en los gobernantes, que vigilen que la función pública no se convierta en un mecanismo de robo a gran escala. No debieran los políticos de la oposición lavarse las manos con aquello de “si la gente los vota”, sobre todo cuándo se da las circunstancia de que no los votó tanta gente como para que pudieran gobernar sin el apoyo o la abstención de otros partidos. Por acción, o por omisión, fueron estos otros partidos quienes le entregaron al Partido Popular el poder, no los votantes.

Es así como parece que gobernar se ha convertido en una especie de “licencia para robar”. Y la prueba de que casi todos y casi todas los y las gobernantes del PP tienen las manos sucias es que en lugar de tomar medidas serias para librarnos de esta tremenda lacra, sus esfuerzos se dirigen a ocultárnosla. Por eso nombran a un fiscal que no quiere que se investigue, y por eso vociferantes cotidianos  se alegran de que sea ése el fiscal que van a nombrar, y no otro. “Nos irá mejor con él”. Son políticos y periodistas que obviamente prefieren tener en la fiscalía a un amigo que pueda mirar para otro lado mientras ellos delinquen. Y el ministro de turno, y el presidente del gobierno, nombran fiscal a ese amigo.

Viñeta de La Rebotika
Es verdad que hemos de alegrarnos de que aún queden jueces, fiscales, profesionales de las fuerzas del orden y periodistas que se esfuerzan en descubrir, denunciar y castigar a algunos de estos personajes corruptos. Lo que ocurre es que mientras nos alegramos de ello una sombra de tremenda duda planea ante esa honesta celebración, ¿cuántas prácticas tan deshonestas o más que las que vamos conociendo quedan en la oscuridad, en la impunidad más absoluta?

Algunos, muchos, hace ya tiempo que hemos perdido la esperanza de que en el Partido Popular se pueda producir la necesaria limpieza para aparecer ante la opinión pública como un partido realmente limpio de corruptelas. Tal como están los entramados, esto parece más que imposible Pero sí tenemos el derecho a exigir, como método de limpieza, que los demás partidos actúen en consecuencia, depuren algún caso de funcionamiento anómalo que pudieran  tener en sus filas y se dediquen con ahínco a utilizar todos los medios legales y democráticos a su alcance para obligar al Partido Popular a dejar la gestión de lo público en manos de gente honrada, que las hay.

Son los demás partidos, a través de sus grupos parlamentarios, en el Congreso Estatal o en los de cada Comunidad Autónoma, en los Ayuntamientos y en todas las Instituciones, los que pueden devolver a ésta ciudadanía la fe en sus políticos, que es tanto como decir la fe en la democracia.

Lo contrario es el hartazgo social y eso es un buen caldo de cultivo para que en un futuro puedan triunfar opciones peligrosas para el equilibrio democrático. Lo estamos viendo en otros países.


Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)