jueves, 16 de julio de 2015

Las Fronteras de la Patria


Todos somos exiliados o exiliadas cuando hemos de irnos de nuestra casa, de nuestra tierra, de nuestro País. En contra de nuestra propia voluntad. Obligados por otros…

@romerojl


Nos echan por nuestras ideas sociales y políticas, por nuestra religión o la ausencia de ella, por nuestras realidades sexuales, de color de piel o de salud, porque nos dejan sin trabajo y sustento. Nos tenemos que ir porque nuestra vida peligra, o la de los nuestros. Nos vamos porque hay gente que tiene el poder inmenso de amenazar nuestra existencia y hemos de buscar sitios más seguros.

En cualquier momento cualquiera de nosotros podemos convertirnos en un exiliado o una exiliada. Tal y como funciona esto nadie está libre de ésta posibilidad.

 


Y, si eso ocurriera, ¿dónde vamos?


Porque si nosotros mismos, los que creemos erróneamente estar a salvo de éste drama, le pedimos o permitimos a nuestros gobernantes que cierren con mil cerrojos las “Fronteras de la Patria”, sufriremos el desastre cuándo nos toque.


O es que  ni siquiera llegamos al punto humano de comprender que esa persona que sola o con su familia soporta la persecución, el hambre, el odio, la violencia, el desempleo, sin tener dónde ir, dónde encontrar protección, que esa persona podemos ser nosotros mismos, mañana, ahora mismo…

¿Por qué no nos identificamos? ¿Porque nosotros aún tenemos lo que ellos ya no tienen? Qué poca cosa para marcar una diferencia tan grande.


Denegar ayuda a quien la necesita por razones de economía de estado se convierte en el gran fracaso de la humanidad. Si ni siquiera hemos avanzado lo suficiente como para conseguir sitio para todos es que hemos avanzado muy poco, tal vez incluso hayamos retrocedido.


Pero esto ya lo sabemos. Lo que se nos olvida con facilidad, repito, es que  cualquiera de nosotros mañana, hoy mismo, podemos ser expulsado de nuestra cueva y nos gustaría creer que tenemos otro sitio dónde ir…


Es lo que tienen las patrias, que por muy difícil que, a veces, sea salir de la tuya en conflicto, más complicado aún es entrar en otra en paz. 


Somos unos incompetentes, hemos hecho un mundo troceado y hemos puesto límites a nuestras propias vidas…



Si solo fuera hambre



Si solo fuera hambre,

pero es miedo

lo que traen.

Miedo a la vida  

Que les huye,

y a la muerte

que les persigue

con obsesión emboscada

en las sombras

del camino oscuro

de puertas cerradas.


Si solo fuera hambre,

pero es muerte

y miedo

lo que traen.

¿Quien paga ésta miseria cautiva?

¿Qué precio tiene este hambre,

este miedo,

esta muerte?

Pan, abrazo, vida.


Pero nadie paga

esta moneda

y la valla y la jaula

son la respuesta

al maldito ahorro

de estos tiempos

de distancias cortas

y baldías.

Fuimos a por ellos

un día

y ahora ya no sirven

en el balance

de nuestra economía.


Huyen del odio

que les mata

y encuentran miradas

que les desprecia,

hijos ya torcidos

tras los vientos

del horror en las raíces

de su vital aventura,

hijos ya humillados

por la furia del hombre

y su locura.



Texto y Poesía de Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)