viernes, 28 de agosto de 2015

Insula o queso y vino

Ricardo Garanda Rojas
Mi amigo está siendo social y personalmente feliz durante sus días de vacaciones. Este año no sale, cuida su parcela en el corazón de la Mancha y se ha desconectado del Mundo.
Pasando temporalmente de redes y de medios de comunicación se está librando del conocimiento de datos que día a día nos machacan los sentidos, las meninges y pum, pum, pum, continuamente nuestra conciencia. Obviamente no a todos ni a todas con la misma intensidad.

No está recibiendo, con la misma deprimente potencia que otros mortales, datos de las migraciones de esas familias desesperadas que huyen de sus maltratadas tierras y que resultan cada minuto más escandalosos. Una patera con cientos de cadáveres, decenas de cuerpos sin vida en un camión, miles de personas malviviendo en distintas fronteras…Muros, alambradas, como respuesta. Y la gran paradoja histórica de que una gran parte de ese movimiento migratorio quiera llegar a Alemania. Si, paradójica situación para su gobierno líder de una Europa burocrática e hipócrita que ni sabe ni quiere plantear soluciones, no ya estructurales, ni siquiera circunstanciales que pudieran paliar la grave situación humanitaria que entre todos, por acción u omisión, hemos provocado. Paradójica situación para ése gobierno y peligroso destino para los migrantes.



No son gigantes, sr. Alonso, son gentes que apenas se verían si no fueran tantos.

Foto: Ana Martínez Gil

Alejado de la ilusión de la falsa (tal vez algún día real) Ínsula prometida, mi manchego amigo, conforme temporalmente con su hogaza, su pellejo de vino y su queso de oveja, tampoco está conociendo el continuo aumento de la cifra de víctimas del machismo. Esas cifras que arropan una a una las vidas de muchas mujeres cuyas existencias pasan por el sufrimiento físico y síquico hasta llegar a la muerte sádica y salvaje. Y mientras la sociedad nos miramos nuestras sucias manos exigiendo el final de nuestra impotencia. Son manos machistas las que matan, pero son las manos de todos y todas quienes acunamos esa miseria infrahumana.

Mi circunstancial Sancho está totalmente ignorante de la gran sorpresa que otro amigo suyo se lleva al conocer el esperpéntico dato de que en EE.UU. hay muchos más muertos entre compatriotas por el uso de sus armas de fuego, que por la acción de los actos terroristas. Me imagino la cara de pasmo que se le debe haber puesto a nuestro quijote gaditano al contrastar el dato de que una inmensa mayoría de los estadounidenses apoye la generalizada propiedad de tan asesinas armas mientras se esfuerzan en auto-traumatizarse cotidianamente ante sus miedos de ataques terroristas.
Dicen que es el miedo el que les hace desear tener un arma. Yo creo que el miedo es una de las razones por las que las usan, pero la principal causa, por la que yo creo que se empeñan en poseerlas, es la estupidez de ser absolutamente incapaces de entender la alternativa. Ya se podían fijar en los canadienses, que los tienen ahí al lado.

Y siguen las Guerras, la explotación y todo tipo de barbaridades individuales y colectivas. Mal momento para Quijotes que prometen ínsulas por llegar, pero tampoco, amigo Sancho, es momento del egoísta retiro conformándonos con la paz de las migajas.

No es la economía, amigos, no. Es el alma colectiva lo que tiende a la baja.

Ricardo Garanda Rojas 

(@rgarciaaranda)