lunes, 10 de agosto de 2015

Verano








Un nuevo lunes estoy de nuevo por aquí. Es cierto que he faltado a mi cita de los lunes durante una temporadita, pero es que este calor veraniego quitaba hasta las ganas de sacar la cámara de su funda. Por eso hoy os traigo una especie de "road movie", un reportaje improvisado desde el asiento derecho de un coche.





Si nada lo remedia, este será un verano sin playa para mí. Sólo un par de fugaces acercamientos al litoral malagueño, para hacer de taxista ocasional, me han permitido acercarme al mar este estío. La última vez, el pasado sábado, y como tuve la fortuna de llevar compañía que condujera (al menos la mitad del recorrido) aproveché para hacer fotos "sobre la marcha". Como la avioneta que nos sobrevoló durante una etapa del viaje. Uno volvió a sentirse "con la muerte en los talones".



El viaje desde La Mancha a la costa permite disfrutar de la variedad paisajística de esta curtida y soleada piel de toro. Los dorados tras la cosecha temprana de la llanura, donde las alpacas de paja aguardan a ser recogidas, contrastan con el verde perenne de las encinas.


Y entre encinas y pasto, las ovejas, aprovechando los restos que la cosechadora no pudo recoger.



Un poco más abajo, y traspasando Sierra Morena, el paisaje se puebla de olivares infinitos, que motean de puntos verdes las faldas de los montes de Jaén, como si fuera un vestido de gitana presto para ir a la feria.


Y tras Jaen, Granada, y las estribaciones de la Sierra que aún conserva la nieve, a pesar de todo, con una carretera que sobrevuela barrancos, cárcavas y simas acercandose cada vez mas al mar.



 La mano del hombre ha horadado la roca, atravesando montañas rocosas, para atajar la distancia que separa el mar del llano. Los túneles se suceden uno tras otro como un gigantesco pespunte que une la carretera a la tierra. Y por dentro de ellos, la vida se mueve a toda velocidad, para alcanzar por fin el mar.


Las velas de los barcos ponen el punto de color a un mar gris, cuya orilla se convierte en un volante multicolor de sombrillas, toallas y gentes, disfrutando del ocio de agosto, probablemente bien merecido.



 


Y junto a la playa, el chiringuito. Con esa forma tan genuina de sublimar un pescado tan humilde como la sardina a categoría de manjar, a través de los espetos a la brasa.


Tras las sardinas, anda siempre el espetero, un profesional que tiene que trabajar viendo a los demás descansar, y además siempre pegadito al fuego, como si lo que cae de arriba ya no fuera suficiente. Al fondo, la primera linea de playa, copadita de sombrillas. Y en medio dos jovenes turistas, que miran entre curiosas y hambrientas las sardinas al fuego.

Yo por mi parte, y tras dar buena cuenta de mi ración, abandoné pronto el litoral. Tocaba viaje de vuelta. Y en esta ocasión, no habría fotos. Me tocaba conducir. Espero que te haya gustado este viaje, y si así ha sido, te espero de nuevo algún lunes de estos por estos lares. Hasta entoces... chaooo!


JLROMERO

@romerojl