viernes, 4 de noviembre de 2016

La mujer culpable

 Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)



Hace ya algunos años tuve la ocasión de participar en una tertulia en un restaurante de Barcelona en la que compartí ideas con un exministro conservador de trabajo, otro sindicalista, un expresidente de la cámara de comercio, un alto representante de la patronal catalana y dos empresarios más. Ya tuve que escuchar entonces esto de que el mercado de trabajo no podría asumir la pretensión de las mujeres de encontrar espacios laborales para desarrollar sus vidas y las de sus familias. El empresario que tal cosa decía desarrollaba su teoría de que era necesario parar los avances que se habían conseguido en ese terreno y esperar mejores tiempos para continuar en ellos.
Recuerdo que el exministro de trabajo conservador y yo nos miramos con gesto de asombro. ¿Cómo atajar esa forma de pensar?
El problema no era debatir sobre ideología, ni siquiera sobre machismo. Era y es un problema cultural, de educación, de inteligencia.


Que el señor Rosell, actual presidente de la CEOE se confunda en estas diatribas no es sólo un problema de sus ideas conservadoras, que se le suponen. Ni siquiera se justifica en posibles posiciones machistas de éste caballero, bastante probables. El problema es la tremenda incapacidad para plantear situaciones con un mínimo de conocimiento en materias tan obvias como la igualdad de derechos de todas las personas para reivindicar sus espacios en la vida, incluido, ¿cómo no?, el espacio laboral como medio de desarrollar las propias esencias vitales y de cubrir las necesidades propias y de quienes dependan de ella.
Ya lo sabíamos, y se vuelve a confirmar: tenemos unos responsables de la Patronal bastante “cortitos”, con poca capacidad para desarrollar ideas, con un nivel de inteligencia demasiado escaso para lo que necesitan estos tiempos. Mire usted, Señor Rosell, necesitamos de ustedes soluciones, al menos el intento. Ideas para crear puestos de trabajo para todos y para todas. Espacios de producción, para que sus afiliados ganen dinero y nosotros y nosotras, empleo.

Porque además, puestos a echar las culpas a la mujer del exceso de demanda de mano de obra para la poca oferta laboral que ustedes crean, podemos también reprocharlas que coman y se vistan a costa del poco salario que ustedes están dispuestos a darnos. Lo mismo si es para menos bocas se convierte en un salario suficiente. Yo creo que además no debieran conducir por las ciudades y así no acumulan contaminación por encima de la que “inevitablemente” provocamos los hombres trabajadores.

Sr. Rosell, esto de que haya mujeres es una verdadera lata, si, al menos, se dedicaran “a lo suyo” y no molestaran.

Soy consciente de mis evidentes exageraciones, hasta el punto de parecer que trivializo sobre un problema tan serio. Pero Sr. Rosell, es usted el que me las ha provocado y le cojo aún más manía por ello.