viernes, 14 de julio de 2017

Cuando las victimas vuelven a convertirse en victimas


Hoy me he permitido la licencia de pedirle prestada a mi amigo Ricardo su columna. Tenía algo que compartir y este rincón siempre me ha parecido idóneo. A él le ha parecido bien, y yo se lo agradezco.

Quiero contaros que hoy un viejo (en el concepto de que nos conocimos hace ya muchos años, en otro siglo…) amigo ha compartido en un grupo de redes sociales un video en recuerdo de los 12 guardias civiles que perdieron la vida en un atentado terrorista en el año 1986 en la plaza de la República Domicana de Madrid.

Volver a recordar aquel hecho me ha teletransportado en el tiempo y el espacio a esa ciudad, en otro siglo, y a un asustado muchacho de provincias, que ni siquiera había llegado a la mayoría de edad, adentrándose en las tripas de la gran urbe.

Aquel imberbe e ingenuo aspirante a todo, llegaba a un Madrid en el que las noticias sobre atentados, muertes y terrorismo estaban a la orden del día. Era septiembre de 1987 y transcurrían los peores años del azote de la barbarie terrorista.

Una de las primeras cosas que hace aquel chico, es acercarse a la próxima plaza de la Republica Dominicana para contemplar, como, mas de un año después, aún seguían siendo visibles los efectos de aquel atentado que se llevó por delante la vida de jóvenes guardias civiles apenas un par de años mayores que él mismo.

Con el tiempo se acostumbraría a los rituales del espejo debajo del coche para descartar que hubiera algún artefacto explosivo, y algunos años después incluso tuvo noticia de haber estado viajando varios años en otro autobús, en esta ocasión. rodeado de niños y niñas, estudiantes hijos del cuerpo, que había estado señalado por los asesinos con el alías de “ataudes blancos”. En aquellos años, se asumía con una extaña naturalidad aquello del peaje de poder ser blanco de un atentado por ser hijo del cuerpo y vivir en una instalación militar.

Hoy, ese compañero, también hijo del cuerpo, me ha hecho recordar aquel luctuoso hecho, ocurrido hace ahora 31 años al compartirme ese vídeo.

11 años después de aquel atentado, y tras muchos más actos terroristas, que fueron sumando víctimas a una lista trágica y arbitaria de vidas segadas, la sociedad asistió a un nuevo acto terrorista. Pero en esta ocasión, como en la novela de García Márquez, no como otro fatal hecho consumado de un tiro en la nuca, una bomba lapa o un coche bomba, sino como la crónica de una muerte que se anunciaba inminente, pero que aún no había sucedido, en un chantaje social de solución imposible.

No es fácil saber si la acumulación de "gotas" en el vaso colmó la paciencia de la sociedad o fue aquella singularidad, secuestro y chantaje con preaviso de desenlace fatal lo que se convirtió en el catalizador para que una sociedad resignada a la inevitabilidad de lo incierto, fuera consciente de que podían hacerse cosas para evitar esos dramas.

Se ha etiquetado, a mi modo de entender erróneamente, a las víctimas como héroes. Pero para ser un héroe se requiere una actitud proactiva del sujeto que realiza esa heroicidad. Las víctimas lo son, muy a su pesar. No son héroes o heroinas. Si hubieran podido elegir, no hubieran representado ese papel. La sociedad española en aquel momento histórico, con el drama de otra víctima mas, si hizo el acto heroico de pintarse las manos de blanco para decir basta ya. Aquella víctima, aquel atentado, consiguió transmutarse en el desencadenante de una reacción que empezó a convencernos a todos que era posible acabar con la pesadilla. Hoy, 20 años después, parece que la pesadilla empieza a tener el recuerdo de un mal sueño. Fue el movimiento colectivo, la unidad de los partidos, la gente saliendo a la calle allí donde nunca lo había hecho, lo que convirtió aquel momento en memorable.



He titulado esta reflexión, en la que no pretendo ser políticamente correcto (expresión que a mi modo de entender es todo un oxímoron) “Cuando las victimas vuelven a convertirse en víctimas”. Y es que estoy convencido que en ocasiones, las victimas lo son más de una vez. La primera cuando el hecho concreto las convierte en tales. Las siguientes, cuando son víctimas del olvido, de la manipulación, de la apropiación indebida o son esgrimidas como arietes contra otros.

Y me temo mucho que esto esta volviendo a pasar. Las 12 personas que murieron en aquella plaza  pueden ser víctimas del olvido si nadie se acuerda de recordar por qué murieron. El casi millar de víctimas del terrorismo en nuestro país pueden acabar siendo victimas del tiempo que no respeta memoria ni razón. O la persona que supuso, de manera involuntaria, como todas las demás, la reacción de la ciudadanía ante la barbarie, puede acabar siendo víctima de manipulación partidista para intentar apropiarse de una historia que han escrito con sangre mujeres y hombres de este país.

Aquellos 12 guardias jóvenes no militaban en ningún partido (lo tenían prohibido entonces, y lamentablemente, lo siguen teniendo hoy en día) y quizás por eso, ningún partido ha llevado sus nombres al Parlamento para proponer una resolución institucional. Los niños de la casa cuartel de Vic o la gente que andaba comprando en Hipercor no tenían color político y por eso sólo son victimas del olvido del tiempo. No son manipulados ni esgrimidos para la lucha partidista. Sólo seran víctimas del anonimato colectivo.

La sociedad que hace 20 años se convirtió en héroe gracias a que una victima le había hecho reaccionar, es hoy, 20 años después, victima de la bajeza moral de quienes vuelven a convertir a las victimas de nuevo en victimas.

No hay que conmemorar la muerte de ninguna víctima, sino recordarlas a todas como colectivo que perdieron la vida a causa de la barbarie terrorista. Si hay que conmemorar la reacción de una sociedad, que como pocas veces en su historia, cerró las filas, levantó las manos y plantó cara. Aquello no debe olvidarse, porque sólo cuando todos plantamos cara podemos vencer en el empeño. Personalizar y singularizar, vuelve a ser otra forma de dividir, de fragmentar.

De volver a convertir las victimas en víctimas nuevamente.

JOSE LUIS ROMERO

@romerojl