viernes, 20 de septiembre de 2013

Dos HURRAS desde ARGENTINA

LA COLUMNA DE LOS VIERNES


Dos HURRAS desde Argentina


Primer hic, hic, hic, por el “Papa de la Frontera”.
Si creemos a este hombre, Jorge Mario Bergoglio (argentino él), algo nuevo se mueve en las, hasta ahora, inamovibles cavernas de las ortodoxias católicas. Yo a este hombre le entiendo, y os aseguro que hace mucho, pero que mucho tiempo, que no entiendo lo que dice un cura. Nunca jamás había yo entendido lo que han dicho los Papas. Y ya está bien que se le entienda, por lo que nos afecta en su representación.


No quiere laboratorio, no quiere teorías y posturas paralizantes. Quiere realidad, afrontar el sufrimiento, quiere una Iglesia currando en la frontera, allá dónde el ser humano necesita de verdad ayuda.

Y ahora ¿qué van a hacer los roucos?. Les acaba de decir que dejen de perder el tiempo en convocar manifestaciones contra el aborto, que dejen de despistarse con diatribas sobre anticonceptivos y divorcios, y que se dediquen a ser “hospital de campaña” para curar de urgencia los verdaderos males que preocupan, obsesionan y enferman al ser humano. 

No sé lo que harán,  me temo que no están preparados para estos nuevos aires. Pero, a pesar de ello, si creemos a este hombre puede que, a la postre, esto de la Iglesia sirva para algo.


El otro ¡hurra! Ha de ir dedicado a la jueza Maria Servini de Cubría (tambien argentina)., que ha dictado orden de detención contra J.A. González Pacheco, J.I. Giralte González y J. Muñecas Aguilar, imputando también a  C. Galvan, ya fallecido. Todos ellos acusados de crímenes de lesa humanidad por las torturas que ejecutaron o dirigieron durante el franquismo.

Es una gran vergüenza que estos personajes no hayan sido aún juzgados en España por el daño que hicieron.  Es un verdadero drama que, en lugar de ello, se persiguiera al Juez Garzón por tratar de investigar.
Para curar heridas lo peor es olvidarse de ellas, abandonarlas. Así no se curan, así se infectan. Para curar heridas hay que abrirlas, con cariño y delicadeza, limpiarlas, desinfectarlas y sólo después de coserlas podremos intentar olvidarlas.

Aqui, aún, hay mucha derecha  con anclajes sentimentales o familiares en el franquismo que sigue teniendo muy mala conciencia, o ni siquiera eso. Y la asignatura del perdón sigue estando pendiente. Les da pavor aceptar las cosas que aquí ocurrieron “en nombre de la patria” .

Algunas víctimas han acudido a la justicia argentina porque aquí no hay espacio. Una Jueza de allí les ha escuchado.  O dejamos que los juzguen alli, o les juzgamos aquí. La opción de que estos personajes  sigan sin ser juzgados no debiera ser una opción en esta España de hoy. Salvo que en este tema de las torturas no seamos un Pais de Hoy.


Ricardo Garanda Rojas.