viernes, 26 de junio de 2015

Adiós Maria Dolores, adiós Arturo





Vamos a ver como lo hacen los nuevos, como administran nuestros impuestos una vez hayan limpiado las telarañas de los cajones. Siempre es razonable preocuparse ante situaciones novedosas, tener alguna duda sobre si “estos” sabrán hacer bien las cosas. Pero a muchos nos consuela pensar que entre el ¡ya veremos! y el “peor imposible” hay todo un espacio de matices, de posibilidades que se tendrán que ir apurando día a día y cuyo resultado ya valoraremos.


Con María Dolores de Cospedal y Arturo García Tizón se apartan de la dirección de lo público dos claros representantes de la vieja estrategia del caciquismo en sus dos más evidentes vertientes:  La primera la del “aquí mando yo” y no voy a rendir cuentas a nadie. Como los árbitros de fútbol, mientras dure el partido no se equivocan nunca, y después, en el caso de que haya habido un error, nunca se confiesa, nunca se acepta, al menos públicamente.

Pero en el caso de la expresidenta, su nepotismo la llevaba más lejos, no solamente se negaba a rendir cuentas, sino que incluso negaba la propia existencia de receptores ante los que rendirlas.  Y si hay dudas sobre esto que pregunten a Sindicatos, Partidos políticos o cualquier otra Organización o Asociación con fines sociales que no se tratara de alguno de sus “club de fans”.

Pero es que además hacia trampas, y no le importaba mucho que fueran obvias, porque “el gran público” ése que iba a mantenerla en la presidencia a pesar de las continuas protestas de colectivos descontentos, estaba controlado a través de su gran arma, la TV regional, ése aparato propagandístico que hubiese sacado los colores a los profesionales de la información de los años setenta y ochenta.

Decidió ahogar económicamente al grupo parlamentario de la oposición como los malos padres ante un conflicto, en lugar de tratar de llegar a acuerdos decide “quitarles la paga del fin de semana”, en éste caso los sueldos por su trabajo parlamentario. Razón: ahorro de costes. Total, lo único que había que hacer era evitar que en la TV hablaran del paralelo incremento de asesores con sueldo, que seguramente costaban más que el ahorro del sueldo de los diputados, elegidos democráticamente y no a través de su sacrosanto dedo.

No las tendría todas consigo y por eso modificó la ley electoral, reduciendo el número de diputados y facilitando la elección de un número impar de diputados en las circunscripciones tradicionalmente más afines al PP. Otra vez la excusa fue el ahorro de costes, no se sabe muy bien cómo, porque los diputados ya no cobraban salario.

Ahorros por todas partes: ayudas a dependientes, sanidad, educación, infraestructuras…para terminar casi duplicando la deuda que se encontró al llegar. Supongo que ahora iremos sabiendo, el ignorante público, en qué no hemos sido capaces de ahorrar.



Y D. Arturo que se ha quedado también sin “su cortijo”. Esa Diputación dónde él hacía y deshacía al margen de los que las leyes le indiquen. Es de suponer que tendrá que rendir cuentas ante la justicia por esa forma de contratar aparentemente de forma ilegal a sabiendas de ello porque la propia justicia ya se lo había dicho.

Ha resultado francamente extraño que su partido no haya realizado suficientes esfuerzos en buscar el necesario apoyo de Ciudadanos para mantener esa presidencia de la Diputación de Toledo. En casos como el del ayuntamiento de Almería la cosa fue de otra manera y tampoco se trata de una postura original de Ciudadanos en Castilla la Mancha, porque en situaciones iguales, como la diputación de Guadalajara, su posición ha sido la de dejar gobernar al PP.  Es como si  “los suyos”  hubieran dicho algo así como “que parezca un accidente”. No sé, ha sido raro. 

Vamos a los cambios en Castilla la Mancha y cuándo se acabe la resaca de los que no han sabido perder y dejen de amenazar con los mil males que aquí van a ocurrir por la “escandalosa  radicalización” del PSOE en sus alianzas,  a ver si pasamos a las políticas del debate, como forma de avanzar curando las heridas más urgentes que durante éstos largos cuatro años se han ido abriendo.
Y reclamaremos las acciones o inacciones que no nos gusten, faltaría más. Y que quien gestione se explique, y que la TV pública sea de verdad un instrumento informativo al servicio de lo público.

El gran deseo: que en ésta Comunidad recuperemos la normalidad institucional, que quienes gobiernen esas instituciones y los agentes sociales hablen y discutan, y que la trampa y la mentira pierdan el protagonismo que en este tiempo han adquirido. Si ya existieron antes, que no existan después.

Ricardo Garanda Rojas 

(@rgarciaaranda)