lunes, 28 de septiembre de 2015

La misma luna


La luna. Ese astro, que siempre está ahí, arriba, algunas veces de día, otras de noche. En ocasiones oculta, otras, radiante, plena.

La pasada madrugada hemos tenido la posibilidad de asistir a un fenómeno astral que no podremos volver a contemplar hasta dentro de 18 años....
La tarde de ayer dio paso a la noche cubierta de nubes, y amenazando tormenta. Yo ya había descartado intentar contemplar el eclipse de superluna ante esas circunstancias.... hasta que  a las 4 de la madrugada me desvelé y decidí echar una ojeada al cielo.



Me costó encontrar la luna. Estaba en su momento de eclipse total. Solo un leve resplandor rojizo entre brumas indicaba donde estaba escondida. Así que decidí probar suerte, y desenfundé la cámara.
 Ente las nubes, esto es lo mejor que pude captar. Es increible pensar en las dimensiones planetarias, y que ese color rojizo sea la refracción en la atmósfera terreste del brillo del sol allá en las antípodas.



Poco a poco, el rojo intenso de esa tenue sombra, empezó a iluminarse de nuevo, con un leve filo blanco que indicaba que la Tierra empezaba a quitarse de enmedio.


Era el comienzo del final del eclipse. A partir de aquí había que elegir, o seguir sobreexponiendo la imagen para seguir con la luna de sangre, o reducir el tiempo de exposición para ir contemplando el amanecer de esa super luna.





 Era casi como poder ver todas las fases de la luna en apenas unas horas.


 
A partir de ahí la luna volvió a bailar con las nubes, y empezó a jugar al escondite.
 


 Ya no fui capaz de conseguir nuevas fotos, pero si pude ver como si amaneciera la noche, viendo como las nubes iban brillando cada vez mas a medida que la Tierra se apartaba de la proyección del sol.



 Ciertamente la luna parece ejercer una extraña influencia en la Tierra y en los que la moran. Las fotos que siguen no corresponden a esta pasada noche, sino a distinos momentos de este verano que acaba de terminar. Y aunque el motivo sea siempre el mismo, nunca es la misma imagen. Tan mutable y cambiante es nuestro satélite.


Algunas veces de día, con el azul intenso del verano como tapiz, otras en la negrura de las noches de estío donde es un placer tumbarse boca arriba para contemplar su lento paso sobre nuestras cabezas....



En formato de luna llena, o superluna, como ultimamente se ha popularidado su momento de perigeo, o en alguna de sus fases, crecientes o menguantes.



 En todos los casos, siempre se trata de la misma Luna, la que mueve las mareas de los oceános y  la que inspira a los poetas. Una misma Luna, con miles de caras, que siempre está ahí arriba, para cuando nos acordemos de ella, levantar la vista, y encontrarla.

JLROMERO

@romerojl