lunes, 16 de noviembre de 2015

Perdido entre la niebla




 Tras  un viernes 13 funesto, donde la violencia cambió de continente y se acercó un poco más a nuestras puertas, y tras un intenso sábado plagado de ruido mediático, opinativo y monotemático, el domingo amaneció con una densa niebla, para recordarnos que aunque no nos lo creamos, estamos en otoño.
 



 

 Para poner un poco distancia con tanto ruido, no hay nada mejor que perderse. Encontrarse con las ruinas donde las puertas sólo apuntan al cielo. O a la niebla. Perderse en la bruma donde hasta tus pasos suenan en sordina amortiguados por la verde humedad de la tierra empapada.



Perderse en el silencio del puente que se pierde en la niebla, sólo roto por el murmullo del agua. Y de alguna paloma que otra que levanta el vuelo sobresaltada al encontrarse con alguien que no encaja en el paisaje.


Algunas higueras aún conservan las últimas hojas, antes de que se desplomen en la frondosidad del suelo, para nutrir las raices para la primavera. Otras, sin embargo, ya lucen totalmente desnudas, prestas para el invierno.


El río se remansa antes de atravesar el puente. El agua, domesticada rio arriba por la mano del hombre, llega mansa, desbravada al encuentro con el camino. La niebla desdibuja las formas de los árboles que jalonan el curso.


Los hilos de ariadna, se visten de perlas por la condensación de la niebla, tendiendo puentes entre las ramas.


 O se tejen aprovechando estructuras caducas para elaborar arquitecturas imposibles.


 Las ventanas, desquiciadas, desaturan el paisaje, como si fueran una puerta mágica a una dimensión sin colores, donde las formas sólo se intuyen.


Y sobre los tejados, los pájaros. Espectantes, aguardando a que levante la niebla y el tibio sol de otoño seque sus plumas empapadas.


Me he perdido en una mañana gris, húmeda, triste. He paseado solo entre la niebla mientras mojaba mis botas paseando en silencio. Sin cobertura. Sin ruido. Sin red.  Solo.


 Y me he reconcilado conmigo mismo. Con la naturaleza. Con la paz. He puesto la mente en blanco y me he dedicado a disfrutar de la belleza del otoño. De la sensación de estar perdido en la niebla.



Al final, hubo que retomar el camino de vuelta entre la bruma. Vuelta al ruido. Vuelta a la cruda realidad.

Quiero volver a estar perdido.

JLROMERO

@romerojl