viernes, 19 de agosto de 2016

Cimientos para un nuevo Futuro

Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)



Estamos en la época en la que tenemos que reflexionar rápido, sacar conclusiones lo antes posible, valorar la realidad sin pérdida de tiempo… Si tardamos en hacerlo podemos llegar tarde. Hay nuevas ideas, innovadores comportamientos, gestos revolucionarios de contenidos profundos en cuánto a las posibles causas y consecuencias, pero el debate sobre estos fenómenos se suele limitar a valorar cuánto pueden durar estos cambios. Con frecuencia no los valoramos por su fondo, por la relación necesaria entre la bondad de la propuesta y la posibilidad de asunción de la misma en la realidad. No, más bien hacemos una superficial valoración sobre las posibilidades de esos cambios para perdurar, y rápido, que hay que dar respuestas públicas urgentes a nuestras reflexiones.
La “Modernidad Líquida” de Bauman, en la que todo lo que hacemos y pensamos está impregnado por la esencia de la temporalidad, la provisionalidad, todo lo sólido “se liqua”.


Y en nuestra ansia por el cambio, se impone la radicalidad con respecto a lo existente. Nada vale, hay que cambiarlo todo, no sabemos muy bien por qué cosa hay que cambiarlo, pero sabemos que hay que hacerlo. Y no es que lo ignoremos por falta de conocimiento o de capacidad para saberlo, sino porque no tenemos suficiente tiempo para desarrollar nuestros conocimientos. Hay que destruir lo existente por obsoleto y luego ya se verá. Sería excesivamente lento separar lo que funciona y lo que no, e incluso, en éste segundo caso, valorar qué es lo que se puede corregir para que funcione. Cancelamos todo lo que nos ha llevado a una situación no aceptable, y planteamos nuevas bases que nos pinte el mundo (el real y el espiritual) de magníficos colores brillantes que adornen nuestra eterna felicidad (social y personal).

Los problemas comienzan a surgir cuándo descubrimos que la abolición impulsiva de las certezas nos sitúa ante perspectivas dudosas, escurridizas, muy inconcretas y difíciles, por tanto, de establecer en la práctica con los necesarios criterios de viabilidad.

De éstas maneras, en el globalizado mundo actual nos encontramos en medio de un extraño experimento: Tanto las fuertes presiones ejercidas por los controladores del Gran Sistema a través de su arma históricamente preferida, la crisis económica,  como el espacio  creado por la reacción de confrontación social, organizada en algunos casos en opciones electorales que permitan llegar a los centros de decisiones políticas, deshilachadas en otros muchos casos, provocan un espacio-tiempo en el que pocas cosas son realmente predecibles, la abolición de las certezas es lo que lleva, empezamos a no estar seguros de nada y por tanto nos faltan las más importantes bases para proyectar un futuro.

Yo no sé si esta situación de brusco recambio más que de evolutivo cambio es lo mejor que puede ocurrir. Ni yo ni nadie lo puede saber precisamente por eso, porque estos tiempos tienen la esencia de la imprevisibilidad y por tanto es del todo imposible tratar de imaginar la bondad o la maldad del futuro que, por otra parte, ya ha comenzado.

Hay fuerzas de pensamiento y acción que reprochan el pasado y renuncian a él, desean modificar profundamente el presente, pero quieren, al mismo tiempo tener garantizado el futuro. Y yo no sé si esto es posible o no, porque yo diría que ningún futuro es previsible sin cimientos más o menos sólidos.
Parece obvio que las presiones de las fuerzas del poder económico internacional, a través de sus instrumentos gubernamentales, necesitan una reacción de los representantes de sus víctimas. Reacción que sería deseable tuviera éxito si por tal comprendemos que es garantizar ese futuro que ahora nadie garantiza.

Por último, siempre he defendido la utilidad de las redes sociales como magnífico medio de comunicación, pero no puedo pensar en estas redes sociales como sustitutivo revolucionario en el protagonismo de los necesarios cambios sociales. Necesitamos instrumentos más sólidos, y profundización en nuestros proyectos.
En las redes las ideas duran una semana, y para cambiar el mundo necesitamos algo más de tiempo.