lunes, 19 de diciembre de 2016

Cái, Cái, Cái


Cuántas veces he pisado las calles de la ciudad milenaria, sin conocerla. Ha sido dormir junto a las gradas del oratorio, y recorrer esas calles empedradas, de lo que los de allí llaman Cái, Cái, Cái y caer rendido al embrujo de la ciudad y sus gentes.



Ya lo canta la copla de la Niña Pastori: 
Cái por la madruga
Como me huele a sal mi

Cái Cái que se despierta
Por la mañana
Me llena el cielo de gaditanas ay
Cái
 Cái por la madruga
Como me huele a sal mi
Cái  
Cái que se despierta
Por la mañana
Me llena el cielo de gaditanas
Las niñas bailan
Y el puerto en luna
Con su vestío
Bordao de espuma ay
Cái


Nunca había subido a la torre de Poniente de la catedral, por esa rampa infinita, que en ascensión de caracol te lleva a un mirador de la ciudad más antigua de península.



Arriba, se nos muestra el centro histórico, lo que está al otro lado de Puerta de Tierra, con una perspectiva como la que tienen todas las torres y azoteas de la ciudad, con el agua onmipresente, ya sea oceáno o bahía.



Torres y miradores de los armadores en la azoteas jalonan una panorámica de casas donde el blanco se mezcla con ese amarillo tan característico de la ciudad 


  Desde el campanario se adivina en lontananza los puentes que unen a tierra esta península con vocación de isla...


 ... mientras el viento (sin el cual, la ciudad no sería la misma) juega con el cabello, verde y azul como el cielo y el agua del horizonte.



Ya de vuelta a tierra desde las alturas, el agua sigue siendo protagonista desde esa Caleta flanqueada por dos baluartes defensivos que dan cuenta del pasado de asedios y batallas de este hermoso emplazamiento


A través de las troneras de las garitas, un mar ora verde, ora azul, llena el aire de olor a sal.


El azul y el verde maridan por todos lados con el amarillo de las piedras, de esa roca ostionera con la que está construido todo, para dar cuenta del paso del tiempo a través de sus heridas y sus grietas.
 

 Y al caer la tarde.... esa Alameda, donde colosos vegetales se estiran hacia la bahía para cubrir el paseo de fragante y fresca sombra....


.... desde donde poder ver cada tarde morir el sol entre palmeras y farolas asomadas al agua de la bahía.


Como muy bien glosa Ricardo ....
 Desde la Caleta
veo llover en el Mar
y las aguas se juntan.
Apenas una leve línea del horizonte
separa la sal
del azúcar....
LLueve en este Atlántico
de Cádiz,
dónde no nos trajimos
y me traes ahora
aprovechando de mi poesía
la ola. 
(Ricardo Garanda. Dic. 2016)




Quiero acabar esta entrada agradeciendo a quienes han hecho posible este encuentro con Cái. A Ella, que tenía pendiente este viaje con él, con Ricardo. A los amigos que nos hemos dado cita allí, Fernando, Ana, a las mujeres que me soportan, Maite, Cecilia, y sobre todo y ante todo, a nuestros anfitriones, Alicia y Juanma... Ha sido un encuentro mágico. Gracias a todos y todas por estos días. Las fotos no hacen justicia a la visita, al encuentro, a la magia...pero al menos dan fe.

Nos vemos otro día por aqui, gracias por tu atención

JLROMERO
@romerojl