viernes, 17 de febrero de 2017

Una Historia.

 Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)



Conocí a Lourdes desde su época de estudiante, ser feliz no era extraño  para ella, su adolescencia fue más o menos tranquila, su familia le permitió siempre un suficiente margen para moverse en libertad y parece que ella siempre supo administrarla. Los estudios de turismo no supusieron nunca un gran problema, aunque no de sobresalientes, era una buena estudiante.
Hasta dónde yo sé, se enamoró de un encantador compañero aunque tuvo que parar, aparentemente, ante  la insalvable diferencia de madurez en los acontecimientos y las relaciones cotidianas.


Después conoció a Faustino cuándo estaba buscando un trabajo que le satisficiera más que el de hostelería que tuvo que aceptar para ir ganándose la vida.

Una “maravilla” este Faustino, amable, atento, controlador, posesivo, impositivo, violento….
Arruinó su vida este gorila machista.

No tuvo más remedio que contar a sus padres la situación cuándo llevaba demasiado tiempo sin verlos para que no le descubrieran los restos de los actos violentos de su compañero. Y de ahí acudió a la policía.

Y esto no le gustó nada a Faustino. ¿Cómo se atrevía a tomar estas iniciativas sin hablarlo antes con él? Las peleas eran un problema íntimo, de los dos, que él la amaba y era por ése apasionado amor por lo que a veces perdía los nervios, el miedo a perderla le creaba una situación de angustia, que provocaba su falta de control. Pero Lourdes tenía que entender que él la amaba intensamente y que a partir de ahora se esforzaría para demostrárselo mejor. Y ella también tendría que esforzarse en hacerle más caso, en saber obedecer sus instrucciones, que él sabía muy bien lo que decía…
Fotografia de J.L. Romero

Me lo contó su madre entre lágrimas, que se lo había contado ella. Ya Lourdes no tendrá ocasión de contármelo personalmente, no tendrá ocasión de contárselo personalmente a nadie. Entendió tarde que el amor une, pero no funde. 

Y en los titulares de prensa, y en alguna conversación en el bar, y en algún comunicado de alguna organización aparentemente feminista, se habla de la muerte de Lourdes. Hay que bajar de los titulares para ver la palabra “asesinato”.
Yo no soy un experto, pero intuyo que esas ambigüedades obstaculizan el avance necesario y urgente contra estas situaciones de violencia.
Cada vez que Faustino hizo daño físico a Lourdes, alguien tendría que haber sabido que eso podía terminar en asesinato. "La muerte" es un simple certificado médico. 

(Pdta.- ¿Me he inventado esta historia? Tal vez. Pero si dejamos aparte los nombres y algún dato circunstancial ¿Alguien puede decir que esta historia no es real?)