viernes, 11 de julio de 2014

La Huelga no es un Delito


LA COLUMNA DE LOS VIERNES

La Huelga no es un Delito
#HuelgaNoEsDelito



En un cambio biológico de ciclo entre viejos luchadores y jóvenes descontentos, una de las cuestiones que los primeros han tenido que aprender con éste Gobierno del Partido Popular es que ninguna conquista de los trabajadores, ningún progreso en libertades y en derechos, ningún avance social está consolidado. La lucha por conseguir una vida digna tiene que ser, necesaria y continuamente reactivada.



En la empresa y en la función pública no es posible la defensa de los derechos laborales si no se cuenta con el derecho a huelga. Los empresarios lo saben, por esto y cuestiones parecidas, es por lo que necesitan que gobiernen los suyos.

Nada, por tanto, parece casual. Que un elevado número de fiscales en muchas partes del territorio nacional, al mismo tiempo, se dediquen a pedir años de cárcel para participantes en piquetes informativos de huelga, no puede ser casual. Hay directrices de quienes creen que les corresponde.

Hay un ataque bien diseñado en el despacho de un ministro, en el del presidente del gobierno o en algún otro externo a los espacios gubernamentales propiamente dicho. En cualquier caso, sea cuál sea el origen primario de la ofensiva, parece que hay parte del camino perfectamente identificado: Ministerio de Justicia, Fiscalía General, fiscales…. 

El Objetivo también parece evidente, el miedo de los trabajadores a participar activamente en huelgas y movilizaciones. Por si hay dudas, se provocan situaciones de enfrentamiento y violencias, como parece que ha ocurrido en varias de las situaciones. Otra vez el antiguo miedo…

Lo que no está claro es qué tipo de reflexión les ha hecho concluir a éstos represores (es el nombre de quienes reprimen con la fuerza y el miedo), que los cientos de miles de sindicalistas, viejos luchadores y jóvenes descontentos, se van a asustar hasta el punto de quedarse quietecitos y calladitos ante tremenda agresión. Tal vez estén confundiendo sentido de la responsabilidad con sumisión, y ése puede ser un error peligroso.

No es nada complicado augurar confrontaciones importantes si no se busca una solución razonable a ésta cuestión. Pero además, entre éste asunto y la barbaridad de la ley anti-aborto, empiezan a verse movilizaciones de apoyo en distintos puntos de Europa, como antes del diluvio…

Una huelga es, por definición, un acto conflictivo, no exento de tensión y presión: el empresario siente la presión en la falta de producción, los trabajadores en huelga se saben la parte más débil y tienen la presión de lo que pueden perder.  Saben que la Unidad es su única fuerza. Las autoridades tienen que garantizar la libertad de los trabajadores. Pero ¿Lo hace? ¿Cumplen con su obligación la policía y los fiscales garantizando a los trabajadores su derecho a huelga ante las presiones del empresario? Es evidente que no, y esto no parece importar.

Miles de denuncias por presión y coacción a los trabajadores y trabajadoras, amenazas de despido, cambios de puesto de trabajo o turno, rebajas salariales. Servicios mínimos objetivamente abusivos. 

El problema no es que una trabajadora tire pintura en una piscina en el contexto de tensión creada en una huelga, el problema es la huelga en sí. Es molesta, para empresarios y para gobiernos.

La libertad para exigir derechos siempre molesta a los poderosos. Alguna vez ésta democracia madurará hasta el punto de que la derecha social y el gobierno de turno, cualquier gobierno, entiendan que no debe ser así. Ahora lo que tenemos es un gobierno luchando contra los derechos de los trabajadores y, mientras esto sea así, la respuesta de éstos no puede ser débil.

Se están perdiendo demasiados derechos, no se pueden perder los instrumentos imprescindibles para volver a recuperarlos.

Ricardo Garanda Rojas

(@rgarciaaranda)