jueves, 19 de febrero de 2015

Cuentas Claras

LA COLUMNA DE LOS VIERNES



#CuentasClaras

Dos Historias y una Decepción.



Romerojl
 En los años 80, cuándo la única escuela conocida de asesoría laboralista eran los despachos de abogados de CC.OO. tuvimos que solucionar un serio problema, o competíamos con las ofertas que Empresas, Gabinetes, Despachos de Abogados, etc.  hacían a nuestros abogados y abogadas, o se nos iban en los mejores momentos de madurez profesional. No pudimos mantener durante mucho tiempo la teoría de que abogados y administrativos, en el sindicato, debían ganar igual.



Después se planteó también la necesidad de conseguir a los mejor preparados para realizar la tarea sindical que queríamos para colocar a CC.OO. dónde está, en el primer puesto indiscutible del sindicalismo de éste Pais.

Esto, según en qué circunstancias y sectores, podía ser más fácil o difícil, directamente posible o imposible.

En el Sector Financiero era complicado que posibles buenos sindicalistas se decidieran a dejar su puesto y dedicarse a la militancia sindical con pérdidas de hasta el 20-30% de sus ingresos. Y las empresas no daban facilidades, “conmigo o contra mí”. Solo eran compatibles las dos cuestiones si se trataba de militancia en Sindicatos corporativos, creados y apoyados por las propias empresas, y que en muchas de ellas nos “daban bien” en las elecciones.

Con la gran crecida de la afiliación, y por tanto de cuotas, y con la aprobación y consecuentes aplicaciones de la LOLS (lectura que debiera ser obligatoria para cualquier delegado o delegada sindical y también para algún periodista), ésa Ley que reconoce a las Secciones Sindicales y obliga a las Empresas, dónde se constituyan,  a dotarlas de “los medios necesarios” para que puedan desarrollar su actividad sindical, las CC.OO. de FEBA, entonces, luego COMFIA y ahora Servicios, empezó a estar en condiciones de competir con las empresas en cuánto a los y las sindicalistas que se necesitaban para hacer la mejor labor en beneficio de los trabajadores y las trabajadoras del Sector. Con el tiempo se fueron debatiendo criterios y métodos de utilización adecuada de esos medios y los Congresos los aprobaron en sus presupuestos.

La estrategia empresarial de limitarnos el perfil de trabajadores al que nos podíamos dirigir, empezó a hacer aguas, y para CC.OO. el avance, en cuánto a afiliación y resultados electorales no parece haber sido malo.



Portada diseñada por Miquel Barceló para la edición especial con ocasión del nº 10.000.
 Una década antes, en los 70, yo estaba en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. A mitad de década nos llega la noticia de que iba a salir un diario nuevo, de tinte progresista que se llamaría El País. Cuándo el régimen se acababa de cargar al Diario Madrid y al Informaciones (aunque de éste segundo tengo menos claro las causas), ésta noticia fue muy bien acogida por los futuros profesionales del periodismo de éste País.

Salía, además, con una fórmula empresarial nueva: muchos y variados accionistas, con un modesto tope por persona, creo recordar que de 5.000 pesetas. Gente de derechas, de centro y de izquierdas. Esa era la idea, su progresismo consistía en que no lo manipulara nadie. Hace un par de días @cesargarribas nos enviaba un tuit en el que se documenta históricamente como Manuel Fraga Iribarne mostraba su interés y de hecho fue uno de los pequeños accionistas en ese inicio.

El Joven Cebrián, primer director de éste diario, fue recibido en los ambientes en los que yo me movía como un héroe. Entre El Alcázar, el Ya, el ABC, íbamos a tener un diario dónde se contaran las verdades, dónde no se inventaran continuas historias contra las gentes que luchábamos por mejorar la obsoleta sociedad española de la época.

Un héroe era éste atrevido joven periodista llamado Juan Luis Cebrián.

Me gustaría que alguien le pasara éste escrito, porque estoy seguro que a él aquella situación se le ha olvidado.

Ahora, en éste periódico, que él ya no dirige porque su preocupación actual parece ser ganar mucho dinero a costa de lo que sea, ya no importa la verdad, ya no importa el periodismo, el profundizar, estudiar y contrastar adecuadamente las fuentes. Eso ya no tiene ningún valor para alguien que algún día fue periodista.

¿Había muerto Hugo Chaves tal y como El País aseguraba? Pues resultó que No.

¿Había participado Monedero en esas universidades que se desde sus páginas le negaba? Pues resultó que sí.

¿Realmente había uso indebido, enriquecimiento injusto, movimiento de dinero negro, malversación de fondos, utilización injustificada de los fondos de la Federación de Servicios de CC.OO? Pues ya se les informaron que No. Y se les demuestra con datos que es que No.

Pero da igual, ya el periodismo de lo que fue El País no persigue la veracidad, solo el amarillismo, y si es a favor de “su amo” pues magnífico. Justo todo lo contrario de lo que éste diario ha defendido durante más de 35 años, los mismos en los que muchas mesas de sindicalistas de CC.OO. se han cubierto con sus páginas. ¡¡Qué Pena!!



Son las dos caras. La de quienes, sin ser angelitos del cielo ni falta que hace, durante todos estos años han luchado y siguen haciéndolo con honestidad y con un fuerte y sano espíritu por seguir tratando de mejorar la sociedad en la que vivimos, con las cuentas claras y trasparentes. Y la cara de quienes se han hundido en la miseria de ir contra sus principios, entregándoselos al mejor postor, de quienes han traicionado toda una vida de una profesión tan bella y honorable como la de periodista haciendo de ella simple y llanamente, una mentira.

Y todavía mucha gente, luchadores, progresistas, sindicalistas, no han comprendido cuál es la cara de la sinceridad, de la verdad.

Que tremenda decepción.



Ricardo Garanda Rojas

 (@rgarciaaranda)