viernes, 2 de octubre de 2015

Decepción en Catalunya

Ricardo Garanda Rojas
Que cada uno y cada una piense y exprese lo que quiera, yo por mi parte voy a intentar decir lo que realmente pienso del proceso electoral que se ha producido en Catalunya.

Decepción es el sentimiento que más se ha apoderado de mí. Políticos mintiendo, exagerando, tratando de confundir a su favor a distintos colectivos de votantes. Mala intención e ignorancia han conseguido una mezcla realmente decepcionante. Mezcla en dos idiomas. Yo creía que unos y otros podían dar más de sí. Pero “quiá”.

Por supuesto que no todos ni todas se han comportado de la misma manera, pero permitidme que hoy, aunque sea injusto (lo sería en cualquier caso) mi enorme decepción cubra a todo el proceso, por tanto, de manera inevitable a todos y todas quienes han participado en él. No sólo candidatos, lo de los profesionales, comentaristas y tertulianos de los medios de comunicación, de uno y otro lado, ha sido realmente horrendo. Tampoco todos ni todas.



Porque la tensión en sí misma no tendría que preocuparnos, ha de entenderse como una tensión razonable entre quienes están legitimados para querer independizarse y quienes, también legítimamente, intentamos que no se fragmente lo que entendemos que es esta unidad social, cultural y económica llamada Nación.  No es la tensión lo que debiera preocuparnos, el tema lo merece. Es la mentira y la vulgar demagogia, de unos y otros, lo que devalúa este histórico momento.

Porque además, entre los catalanes que quieren la independencia y el resto de españoles que no la queremos conceder está ese otro 50% de catalanes y catalanas que buscan en un variado esquema de posiciones para intentar encontrar la suya. Merecen más respeto de unos y de otros.
Creo que han faltado muchas reflexiones de fondo, aunque alguna ha habido. Victimismo a tope por un lado e imperio de la ley y la norma como respuesta. Esas leyes y normas que se modifican en los parlamentos democráticos. Cuánta falacia.

Tal vez yo no me haya enterado, pero no he oído ni leído a nadie discutir sobre si realmente uno es dueño de sus tierras por haber nacido o haberse asentado en ellas.

O si uno es dueño de su cultura y su tradición por haberse educado en ellas.

O si uno puede decidir, en un sistema democrático, autogobernarse porque no está de acuerdo con la gestión de los que gobiernan.

Y de los argumentos historicistas…En Toledo se paralizó la construcción de viviendas en una zona esencial para la unión de barrios toledanos importantes con el casco viejo porque en cuánto excavaron se encontraron restos visigodos. Recuerdo que yo comenté, “carajo, que excaven un poco más y descubrirán que hay restos romanos”. Hace años de esto, ahora es una explanada, alambrada y llena de malas hierbas.

La historia siempre da diversos argumentos y cada uno recoge el que más le interesa para apoyar sus razones, que suelen estar muy lejos de basarse en el hecho histórico que demagógicamente utilizan.
Los tiempos exigen más nivel entre los que presumen de tener los suficientes conocimientos, inteligencia y capacidad política como para indicarnos el gran camino de una sociedad mejor, menos explotadora, menos machista, menos racista y menos manipuladora.

Creo sinceramente que los y las que tenemos ahora, al menos en primera fila, no están a la altura de los Tiempos.

Habrá que dejarlos que parcheen lo urgente, pero para entrar a más, será necesaria una mayor paciencia por nuestra parte.

Eso o nos arriesgamos a tragarnos una chapuza de difícil marcha atrás.

Ricardo Garanda Rojas


 (@rgarciaaranda)