viernes, 8 de enero de 2016

Desde la habitación de un Hospital

Ricardo Garanda Rojas
Todo tiene otro ritmo si lo vives desde la habitación de un hospital. Formas parte del mismo mundo de hace un par de horas y del que te encontrarás dentro de unas horas más, pero parece como si las paredes fueran de plomo si éste metal nos sirve para identificar al mismo tiempo aislamiento y ralentización. La vida sigue su ritmo, pero fuera.

En esta habitación de este hospital de Toledo hay tres mujeres luchando por su supervivencia, rogándola como si no la hubieran merecido de sobra a estas alturas, como si no hubiesen hecho ya méritos sobrados como para que el destino tuviese algún generoso detalle con ellas. Tres mujeres enfermas que te miran y se te suelta como una corriente eléctrica desde las cervicales hasta el sacro. Tres mujeres que tan solo aspiran a pasar otra temporada en su casa con los suyos, recibiendo los cuidados y las alegrías que sobradamente se han merecido. Lo han dado todo y ahora suplican en silencio, sin decir nada, en silencio…




Yo me acurruco en un rincón a la espera de que una de ellas, mi más cercana, me necesite para algo. La novela que he elegido para ocultarme en mi parapeto habla también de mujeres, de algunas de ellas, de su centro y las luchas que en él hay, las dudas y las derrotas, las difíciles decisiones que valen el éxito de una vida.

Alicia Domínguez con su “Viaje al centro de mis mujeres” me ha permitido leer una historia muy difícil para componer una novela, las dudas internas de una mujer, de “la mujer”….”pensé en cuántas mujeres se veían obligadas a renunciar a sus sueños como condición, tácita o expresamente impuesta,…. Mujeres fuertes, inteligentes, corajudas y capaces que, sin embargo, seguían reproduciendo de manera inconsciente el modelo de sumisión que sus madres y las madres de sus madres padecieron…”
Foto @romerojl

Las mujeres de Alicia están en ésta habitación de este hospital. María, la que no pudo cantar, la Menuita, luchadora, Rosa triste abandonada, Gloria gloriosa y también abandonada, Norma dolida y recelosa, Elena víctima. Y la esperanza, el sueño de la luz en el oscuro camino, Sara, el ímpetu, y Lola la que pierde mil batallas pero gana la última. Grande Lola.

Estoy seguro de que las mujeres de esta habitación tienen algo de cada una de ellas, todas las mujeres de todas las habitaciones de hospital tiene algo de cada una de ellas.
Algo de luchadoras, algo de vencidas, de peleonas, de rendidas. La vida da para mucho, la de una mujer para más. Son fuertes incluso cuándo ya no pueden más.

Y fuera los engranajes siguen su ritmo constante en esta España en horas bajas, la vergüenza de la derecha catalana, la estupidez de la izquierda española pretendiendo jugar al ajedrez cuándo lo que toca es el parchís: comer, contar cuarenta y el comido a casa….Pero eso es fuera, en esta habitación de plomo todo tiene otro valor, otra medida, no hay política cuándo te juegas la vida.

Se lo dice “la Menuita” a Lola en la novela de Alicia: “Bendito quien todavía espera el futuro, aunque sea para temerle”

Levanto mi vista, escapo de la habitación mirando por la ventana al Valle toledano, los Cigarrales, un helicóptero conocido que revolotea y rompe la imagen pacifica de una arboleda sin humanos. Dentro las otras mujeres, las que luchan por su supervivencia en las camas de esta habitación y en las páginas de la magnífica novela de  Alicia.
Me vuelvo a sentir pequeño.

Ricardo Garanda Rojas 


@rgarciaaranda