jueves, 4 de febrero de 2016

Felisa

Había un sueño
de eternidad,
no era mito,
pero el amanecer oscuro,
tras la noche aciaga,
precipita, sin más,
con su amargo rito
esta pesadilla final.
Esto no es bueno,
amigos, no es bueno,
se ha roto la vida
del amor infinito.
(17-9)


Ella nació un siete de Setiembre, tenía quince años y yo diecisiete, a partir de ahí, casi todos los años los sumamos juntos, y sumamos bien. Los anteriores no cuentan, tampoco cuentan mucho los que vengan a partir de ahora.



Ella es un amor real, contado día a día en los adoquines de las calles y en las paredes de las casas dónde los dos, luego los tres, más tarde los cuatro y luego los dos otra vez hemos visto nuestra vida crecer. Juntos. No era obligatorio amarse tanto y tanto tiempo, pero a nosotros siempre nos pareció bien, no es ningún mérito, fue fácil.

Algún día,
falta por ver,
si acaso me presento
solo en Vega
las olas del dique
me van a mirar raro,
me van a pedir
que les explique
y yo no voy a saber.
(25-09)


Con Ella ha sido fácil hasta cambiar. Siempre fuimos dos satélites pero aprendimos a pedirnos disculpas por nuestras mutuas interrupciones. Siempre hemos sido dos, el amor une, pero no funde.

Fue el amor de mi adolescencia. Y sigue siendo el amor de mi vida cuarenta años después. Sí que fue larga mi adolescencia. ¿Desencuentros?, claro, en cuarenta años…ya me diréis. Eso sí, quede claro que siempre ha tenido razón ella, menos algunas veces.




Yo empecé por ella a escribir poemas y son por ella la mayoría de los que escribí entonces. Cuándo después de 35 años sin escribir ni un solo verso he retomado la tarea, vuelve a ser Ella quien se va introduciendo por todos los rincones del ordenador. En aquel tiempo la angustia de amor impulsaba mis versos, en este tiempo cercano ha sido la angustia por la vida, la lucha contra el maldito cáncer el tema prioritario que destrozó mis telarañas. A partir de ahora….

Miro a la mar,
lejos, dónde nacen las olas
pero un grueso cristal
me separa del futuro
y no puedo alcanzarlo
solo puedo ya soñarlo
tras la huella
de su herida
con ese limpio horizonte
que mi existencia sella
porque se me muere la vida.
(20-10)



El Recuerdo, la Memoria. El único Paraíso en el que yo creo, el Paraíso de la Memoria. Por eso sólo tengo una cosa que pedir a los cientos de personas que estos días nos han mostrado su apoyo: Hablar de ella, recordarla siempre. Sé que su Paraíso será amplio.

Ella, al menos, seguirá siendo nuestra Felisa mientras yo sea capaz de seguir amándola en mi poesía. Siempre, se me hace corto el tiempo de la promesa.

Cuándo nadie se acuerde
yo te nombraré
y se asustarán del olvido
quienes te hayan olvidado,
si es que alguien lo hizo.
(30-12)


Pero éste amor que yo consideraba enorme, se ha quedado pequeño comparado con lo que he sentido estos días. Cuánta gente, cuánto cariño… Algunos y algunas presentes, otras y otros en la distancia. Ella se lo merecía, seguro, al menos por su enorme generosidad y por la espectacular valentía que ha demostrado. Gracias en su nombre y gracias más modestas en mi propio nombre y el de mis hijas Patricia y Beatriz.






Os siento a mi lado y os voy a necesitar, porque seguir viviendo es fácil, pero recuperar nuevos sueños es algo más complicado.

Hoy ha vuelto a salir el sol,
y brilla fuerte
pero hoy no hay planes,
ni siquiera uno pequeño,
las redes estaban inundadas
de amigas lágrimas
y detrás del teléfono
la emoción se expande.
Hay vida y yo lo sé,
pero ya no hay sueños
porque me falló el más grande.
(03-02)







Ricardo Garanda Rojas

 (@rgarciaaranda)