viernes, 25 de agosto de 2017

Patria, el Silencio.

Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaranda)

Algunos viernes no tengo claro qué puede haber de interesante sobre lo que yo pueda mostrar mi opinión y que resulte mínimamente atractivo para mi reducido grupo de lectoras y lectores, me aprieto las meninges y suelo sacar algún tema, con mayor o menor éxito. Hoy tengo el problema contrario.

Pero no voy a hablar de los atentados de Catalunya porque mi opinión desune, y creo que tenemos que esforzarnos en lo contrario. También descarto hablar de esta mujer que no quiere entregar a sus hijos. En ambos casos tengo una opinión tomada y largamente expresada en mis perfiles de redes. Tengo que reconocer que en ambos casos me he llevado grandes decepciones por las posiciones de ciertas gentes.. Tal vez por ello no quiero ahondar más aquí, aunque no me retiro, ¡ni mucho menos!


Tampoco voy a hablar hoy de cómo una prestigiosa empresa como el banco Santander, aparentemente respetuosa con las decisiones democráticamente tomadas en España, se permite el lujo de boicotear normas aprobadas en el Parlamento de Uruguay, referentes a la legalización y control de la marihuana. Pero tengo el deseo de reflexionar sobre éste tema en otra columna, la irresponsabilidad social que yo entiendo está cometiendo el Santander y otras empresas financieras merecen una oportuna crítica.

Hoy he decidido hablar de algo más intemporal, ¿comodidad? Creo que sí, lo siento, sabéis que no suelo escaquearme, pero llevo unos días de mucha tensión en las redes y quiero relajarme.

Yo tuve un amigo en la Euskadi de los tiempos de las pistolas que me decía que detrás de lo que leíamos en la prensa y lo que escuchábamos en los medios audiovisuales había mucho más, sobre todo había muchos silencios y estos son muy difíciles de narrar. Me decía que, incluso a veces, sobre todo en las reuniones familiares había que tener mucho cuidado con lo que se decía. Cuidado para el sencillo pero horroroso objetivo de conseguir eso: el silencio. Poco más era posible.

Yo llegué a escribir una columna sobre este asunto, seguro que me quedé corto.

Fernando Aramburu nos cuenta la historia de Bittori, la viuda de un asesinado por eta, amiga de la madre de un etarra posible asesino de su marido, que era muy amigo del padre de ese etarra. Lo peor en Patria no es la muerte de El Txato, es el silencio que rodea al Txato antes de su muerte, de sus amigos, de sus tertulianos, de sus compañeros de bicicleta, de Joxian, su mejor amigo hasta que apareció la primera pintada que le condenaba al aislamiento y a la señalización como objetivo.

Lo peor de lo que cuenta Patria es entender, igualmente, ese otro silencio que en el pueblo se produce después del asesinato del Txato.  Con el dolor de la muerte, la familia ha de irse del pueblo, allí ya no son queridos, aunque lo hayan sido durante muchos años, durante toda sus vidas. Hasta para enterrarlo han de desplazarse de población, sólo así asisten dos o tres conocidos, escondiéndose.

 Silencio profundo, ancestral. Silencio de odios. Silencio de incomprensión absoluta. Silencio.

Aramburu nos presenta el panorama de la dureza sicológica sin obviar la física pero sin recrearse en esta última. Nos muestra cómo se ocultan sentimientos naturales en pro de doctrinas de separación, de banderas, de odios no comprendidos, no racionalizados.

Ahora ya se puede leer con relajación esta historia, supongo que los vascos pueden leerla con alguna lágrima colgando. A mi desde luego se me han caído, pero yo no soy vasco.

“Patria”, de Fernando Aramburu. Leerla. Esto se ha vivido.