miércoles, 10 de abril de 2013

Daimiel, agua, vida...

EL OJO DEL FOTÓGRAFO



Hoy quiero traer a esta sección las estampas mas bellas de uno de los parajes más increíbles que tiene la provincia de Ciudad Real, y que junto al Parque Nacional de Cabañeros, constituye la aportación natural y paisajística de nuestra región a la red de Parques Nacionales de nuestro país.


Evidentemente estoy hablando del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, un inmenso humedal en mitad de la llanura manchega, donde el Guadiana y el Giguela se enseñorean del entorno, del paisaje, y de la llanura para inundar casi dos mil hectáreas convirtiendose en un refugio de avifauna y siendo uno de los pocos lugares de nuestro pais que alcanza la categoría de Reserva de la Biosfera.


 Tengo que confesar que este paraje tiene un especial magnetismo para mí y lo he visitado muchas veces. Pero tengo que reconocer que nunca jamás lo habia encontrado tan hermoso, tan radiante y tan lleno de vida como este fin de semana pasado. Las lluvias de los últimos meses han obrado el milagro de resucitar un entorno que la sobreexplotación del acuífero 24 tenía herido de muerte. Hasta el punto de que hace pocos años se tuvieron que realizar obras hidráulicas para garantizar aportes de subsistencia al ecosistema.


Por eso, verlo así tan rebosante, tan brillante, con las aguas anegando las otrora elevadas pasarelas hace que uno se sienta reconciliado con la naturaleza y pueda seguir disfrutando de estos paisajes donde el alma se expande y el espíritu se solaza con la belleza natural.


A modo de contraste, y ejerciendo de testigo mudo a modo de indicador de la salud del parque, como si fuera un termómetro, está esa barca varada, y con el fondo roto, que siempre está en el mismo sitio, recordando el medio de transporte de aquellas personas que se ganaban la vida entre los juncos y carrizos del humedal. Afortunadamente en la foto de la izquieda, del pasado fin de semana, la barca está varios metros por encima de la foto de la derecha (tomada en enero de 2010) donde solo unos míseros charquitos anunciaban donde debería estar el humedal.


Ojala tardemos muchos muchos años en volver a ver a esa barquita tocar fondo. Será señal de que nuestro ecosistema sigue gozando de buena salud. Disfrutadlo. Y si podeís, visitad el parque, eso sí, respetando la naturaleza y sus moradores. 
Nosotros ahí, somos los intrusos.....

Pinchad en las fotos para verlas mas grandes.

JLROMERO