miércoles, 24 de abril de 2013

Soledad

EL OJO DEL FOTÓGRAFO



Hoy quiero hablar de la soledad. No como un sentimiento negativo ni peyorativo. O al menos no para mí, ya que la soledad es un recurso que personalmente me aporta la fotografía, cuando me enfrento al mundo pertrechado con una cámara en la mano y muchas ideas en la cabeza. Coger la cámara y salir al mundo es un momento para reencontrarme conmigo mismo. El mundo está presente, ahí afuera, y yo,  con la cámara, solo, salgo a citarme con él.


Por eso me gustan estas fotos que hoy os traigo ante vuestros ojos. Son fotos obtenidas a horas imtempestivas, en las que no aparece gente, 
y que me evocan momentos de introspección, de reflexión, de paz, de aislamiento.
Son momentos en los que el ojo mira, ve, contempla y piensa la mejor forma de interpretar la realidad con los medios técnicos que uno lleva, al tiempo que la mente se apacigua, fluye y alcanza un estado de equilibrio que en otras circunstancias sería muy difícil de lograr. 

La primera imagen, es una composición a la que tengo un especial cariño, porque me gustó mucho el momento, la luz y la paz que transmite, y corresponde a la playa de la Malvarrosa en Valencia,
a eso del amanecer.


Esta, en cambio se acerca más al ocaso, y corresponde al monte de Santa Tecla, en Galicia, y en algún sitio la llegué a titular como la farola que soñaba con ser faro. El Atlántico se muestra infinito y manso bajo las nubes que ocultaban la cima del monte.


A este viejo puente oxidado le tengo un especial cariño. Para llegar a él tuve que recurrir a mi vieja bici de montaña y con la cámara en el morral, para captar la forma en la que envejece un puente que ha dejado de servir para lo que lo hicieron, y se oxida lenta e inexorablemente con el paso del tiempo.


La siguiente, una vieja foto obtenida con un móvil, una madrugada donde la helada se combinó con el viento cristalizando la niebla sobre la alambrada, haciendo florecer el mallazo con la belleza del hielo hecho espinas. Esta foto la usé en algún momento como felicitación de Navidad.


Y para cerrar el campanario de San Pere de Rodas en Girona, un monasterio que ya no alberga monjes y que resiste, heroico y majestuoso el paso del tiempo, alejado del mundo y de los hombres, como así lo quisieron los que buscando la soledad, lo erigieron en lo alto de una colina mirando a la Costa Brava.

La soledad. 
Cuando quiero estar a solas conmigo mismo, cojo la cámara y salgo a empaparme de mundo. 
La cámara no me habla. Soy yo quien habla,
 sin palabras, a través de sus lentes.

Hasta la semana que viene, espero que os haya gustado.

JLROMERO