miércoles, 3 de julio de 2013

Te quiero, te quise y te querré

EL OJO DEL FOTOGRAFO



Te quiero, te quise, y te querré


Hola a todos y todas de nuevo. Tras un par de incumplimientos a mi cita con este blog en lo que a las imágenes se refiere vuelvo a la carga con lo prometido en fechas pasadas.

Si, he vuelto a realizar fotos químicas, de las de carrete, cámara manual y espera larga (un par de semanitas) para comprobar si lo que vimos a través del visor se parece en algo a lo que esperábamos de ello. Y aquí teneis los resultados.

Como siempre he vuelto a utilizar como victimas de mis vicios a mis tres sufridoras favoritas, las tres mujeres que llenan mi vida.


He titulado esta entrada con el grafitti que ilustra la foto de arriba. Es toda una dedicatoria para mis modelos, y un ejemplo de como sólo hay que tener la vista preparada para ver algo más que pueda dar juego. Cecilia ni siquiera sabe que la foto está hecha con el objetivo de recoger la dedicatoria.


El 50 mm 1.4 es delicioso para conseguir estos desenfoques tan seductores que resaltan la zona enfocada dejando un halo de ensoñación alrededor del motivo. 


A María le buscaba los reflejos de esos ojos tan deliciosamente seductores en esta foto, aprovechando la caída de la tarde para que se encendiesen con esos brillos.

Mientras que aquí quise poner a prueba un contraluz extremo con el sol tras la cabeza y una fuente de agua multiplicando los reflejos. Aun así, creo que no ha salido subexpuesta.


 He dejado para el tercer bloque a mi compañera de viaje, fatigas y peleas. Su cabellera plateada queda siempre fantástica en el blanco y negro, pero me ha llamado especialmente la atención el brillo de su mirada.


 Conseguir esa nitidez con una cámara totalmente manual donde el enfoque lo confiamos al anillo del objetivo y a las dioptrias del ojo del que mira por el visor me resulta aún más gratificante.



Quiero cerrar con un robado, de un gran amigo de la familia. Siempre quise fotografiar a Manolo, que es muy fotogénico, pero tenía que ser sin que él se diera cuenta. Aprovechando un mercadillo callejero le robé esa sonrisa franca y cordial.

Y hasta aquí la entrada de hoy, tengo más carretes y seguiré probando. Esto sigue siendo un dulce veneno que engancha. Espero que os haya gustado.

JLROMERO