jueves, 20 de noviembre de 2014

La Escopeta Nacional



LA COLUMNA DE LOS VIERNES

LA ESCOPETA NACIONAL.



Perdonadme por ser tan obvio en el título, repetir aparentes tópicos y apoyarme en imágenes fáciles. Pero hoy quiero hablar de la Corrupción, y “los tiros” van por aquí.

No solo ahora, sino desde que la Transición del franquismo a la democracia adquirió su nombre, se ha debatido hasta la saciedad si aquello se hizo bien o mal, si había alternativas reales, si la amnistía debía cubrir también a los franquistas o solo a quienes lucharon contra ellos…


En definitiva, si el paso tendría que ser una ”transición” pactada entre los legalizables partidos de izquierdas y los herederos del régimen anterior o tendría que haber sido una “ruptura”, confrontando entre ambas partes y ganándose desde esa confrontación el derecho a la democracia. Mayoritariamente aceptamos el consenso de la Transición. Y digo mayoritariamente, no de manera unánime (respeto al dato).  

Personalmente yo estuve, con ésa mayoría, de acuerdo con éste consenso. Como lo estuve con el texto Constitucional y con los Pactos de la Moncloa. 

Y esencialmente sigo pensando, tozudez la mía, que ésa era la mejor opción en aquellos momentos. Es más, creo que ahora también lo sería.

Pero, efectivamente, se cometió un grave error. Se supo hacer la transición del modelo político de la dictadura franquista al de la democracia, pero no transicionamos la cultura, las formas sociales de funcionamiento de una dictadura al del compromiso personal y social de la democracia. No se entendió. No se hizo esfuerzo para que se entendiera. La sociedad siguió siendo culturalmente franquista, se sobreentendía que el tiempo provocaría, de manera natural, esa evolución. Pero no fue así, sólo ante una crisis económica y de consecuencias sociales y culturales, como la que nos ha llegado ahora, empezamos a entender nuestras débiles bases.

Me temo que aún, en la actualidad, gran parte de los empresarios españoles, los que dependen de conseguir contratas, no saben qué hacer para conseguirlas si se les niega el tradicional camino de entregar regalos (desde un mechero hasta cientos de miles de euros) al funcionario o político que tiene que facilitarle o, directamente, otorgarle ése contrato.

Igualmente, hay funcionarios y políticos sorprendidos por el hecho de que instancias sociales o jurídicas pongan veto a ésa manera de conseguir beneficios para él o sus amigos. Algunos y algunas llegan a poner cara de extrañeza.

A pesar de los muchos años transcurridos, a pesar de los miles de discursos sobre honestidad y compromiso social, a pesar de las muchas definiciones de comportamiento ético por parte de todos y todas, hoy, 21 de noviembre de 2014, empresarios y políticos se reúnen en ambientes tan anacrónicos como el de una cacería en la finca de alguno de ellos o de un intermediario. Unos para vender y otros para comprar. Con porcentajes de beneficio a repartir.

Como en “La Escopeta Nacional” de Berlanga. Igual. Exactamente igual. Treinta y seis años después.
No se hizo la transición en la definición democrática de honradez y honestidad. No se hizo, y hay que hacerla, por quienes estaban allí o por quienes, con todo el derecho del mundo, quieran corregir la deficiencia.

Pendiente está.

Ricardo Garanda Rojas 

 (@rgarciaaranda)