viernes, 6 de enero de 2017

Cáncer


Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)

Ésa “enfermedad de larga duración” a la que de manera tan eufemísticamente se suelen referir en los medios de comunicación se llama Cáncer. Esa “cosa mala” como la identifica mucha gente en conversaciones populares, se llama Cáncer. Y es necesario que hablemos de él llamándole por su nombre, en voz alta, mirándonos de frente. Porque al Cáncer hay que combatirlo, es un peligroso enemigo, y como tal, hay que afrontarlo con toda nuestra capacidad de conocimiento y sin timideces que puedan favorecer su ataque. Si vemos a alguien con un bulto, con una mancha en la piel que nos pudiera hacer sospechar, no debiéramos decir “eso puede ser malo”, sino “que te lo vean inmediatamente porque puede ser Cáncer”. Tal vez con ese realismo lingüístico consigamos también que las chicas pasen sus revisiones en el momento adecuado y no dejen pasar el tiempo. Por ejemplo.


Hay que hablar de él cuándo se sufre y cuándo no,  que no sea necesario sufrirlo para tener algunas informaciones. Todos sabemos que hay distintos tipos de cáncer según la parte del organismo que ataca, mucha menos gente sabe que dentro de  ellos hay toda una clasificación en función, entre otros factores, de cómo se identifican y se desarrollan sus células. Los especialistas saben que es fundamental conocer todo para saber con qué medicamentos y a qué ritmo hay que atacar. Por ejemplo, yo estuve cerca de un Cáncer de Mama que se identificaba técnicamente con el nombre de “Triple Negativo”, aunque hablé con dos oncólogos diferentes (un cirujano oncológico y una oncóloga) que le llamaban “el pequeño hijo de puta”, porque había que ser muy rápidos con él.

Hay que hablar de estas cosas, no son ningún secreto. Hay que hablar del enemigo. Y hay que saber también que las consecuencias de su ataque no sólo es la diferencia entre vivir o morir. Obviamente, esa es la cuestión grave por antonomasia, pero hay otras consecuencias para quienes son capaces de vencerlo. Desde la alegría de vivir las olvidamos, no hablamos de ellas, no nos creemos en el derecho de quejarnos, pero están ahí.

Muchas personas consiguen seguir viviendo después de luchar contra su Cáncer, pero mantienen dolores e incapacidades físicas para el resto de su vida, y tienen que convivir con una eterna preocupación por sí misma y por la gente que les rodea, por los hijos, por las hijas. Han visto la cueva del dragón y no pueden dejar de pensar en ella.
Medicamentos para los dolores y revisiones continuas. Pero además hay muchos casos de pérdida de trabajos, de carreras profesionales, de proyectos, de sueños. Tienen la enorme suerte de mantener una vida, pero casi nunca es ya la misma, es otra.

Por todo ello y sin entrar aquí en demasiados detalles, es imprescindible la solidaridad en éste terreno. El sistema sanitario hace lo que puede, y sinceramente creo que es mucho, con sus enormes profesionales, pero no basta. Los enfermos de Cáncer necesitan más y más variados apoyos tanto mientras padecen la enfermedad como cuándo han conseguido vencerla, y los necesitan para que su vida pueda ir transcurriendo lo más razonablemente posible.
Hay muchas organizaciones y asociaciones que trabajan en éstas líneas, hacen una labor extraordinaria, busquémoslas y hablemos con sus miembros de la gente que lo pasa mal por las secuelas y de la ayuda que necesitan. Hablemos del Cáncer con quienes lo conocen en el día a día. Y prestemos ayuda, de alguna manera.

En mi pueblo, Sonseca, existe la Asociación de Apoyo a Afectados por Cáncer, es de ámbito comarcal, y en ésa asociación participa gente de Ajofrin, Mazarambroz, Chueca, Orgaz, Villaminaya y Los Yébenes. Están desarrollando una gran labor con los escasos medios con los que cuentan. Yo he querido aportar mi granito de arena donando a esta asociación los modestos beneficios que se puedan obtener de la venta de mi libro de poesía “ELLA”. Pero eso es sólo un minúsculo granito de arena.

Se llama Cáncer, hablemos de él.