jueves, 12 de enero de 2017

Pesadilla


Ricardo Garanda (@rgarciaaranda)


La pesadilla fue corta y ni siquiera me dio tiempo a infligir ninguna norma, la boca me sabía a resaca de una inexistente noche de copas, me parece que ha sonado el teléfono en la habitación del ordenador, no estoy seguro.
Son las cinco y media, nadie me llama a estas horas salvo que mi pesadilla tenga algo que ver.  No la recuerdo bien, miraré el teléfono.

“Llámame urgentemente”.

-¿Qué ocurre?

-Es obvio que no has puesto la radio. Cientos, miles de personas, hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos…por la calle.


-He dormido mal, no me cuentes historias raras.

-Migrantes, exilados. Han aparecido de golpe. Nadie sabe de dónde salieron.

Mi pesadilla tiene algo que ver. El timbre del teléfono me ha servido como clip en el botón de archivo. Reabro: miles de desesperados y desesperadas se teletrasportan en el espacio entre sus antiguas ciudades en ruinas a las calles de nuestra propia ciudad. Es imposible, sólo puede ser una pesadilla.

-Es una Pesadilla, Ricardo. Han aparecido miles de personas que hablan distintos idiomas, que visten diferente, que muestran rostros de angustia y lloran, lloran, Ricardo, lloran hasta el éxtasis.

-Pero ¿de dónde salieron?

-No se sabe, esto es Toledo, no hay barcos, ni aeropuertos, no se ha detectado esta noche ningún aumento de tráfico. Ayer todo era normal. Nadie sabe de dónde vienen.

De la guerra, vienen de la guerra, del hambre, de la desesperación, de la angustia ante lo incomprensible. Y buscan ayuda.

-Vienen de la muerte.

-¿De la muerte?¿Y qué hacemos?

-Mandarles a la muerte.

-¿Cómo?

-Como vinieron. En un sueño.

-Pero esto no es un sueño, Ricardo, es real.

-No puede ser…