miércoles, 21 de agosto de 2013

Baelo Claudia

EL OJO DEL FOTÓGRAFO


Baelo Claudia

A pesar de que aún sigo disfrutando del descanso vacacional (y de estas temperaturas tan "agradables" que nos brinda el mes de agosto) he decidido interrumpir momentáneamente dicho paréntesis para compartir con vosotros y vosotras la que para mí es una de las playas más hermosas de esta curtida y reseca piel de toro.



Siempre que bajo al Sur, y van ya.... (he perdido la cuenta) tengo la imperiosa necesidad de volver a Bolonia. Esta playa de increíbles aguas transparentes, desde la que en días claros se divisa el continente africano, y que fue puerto y factoría piscícola desde la antigua Roma, siempre ha ejercido una poderosa atracción sobre mí.


El viento de Levante, que casi siempre barre la playa, ha configurado una colosal duna que se va encaramando sobre los pinares para asomarse a la punta del Camarinal, punta con la que se abrocha la otra ensenada, la de Zahara de los Atunes.

Para quien no conozca esta playa, la duna famosa, se adentra más de 200 metros tierra adentro, y se eleva mas de 30 metros.


El día que la visitamos soplaba un moderado viento de levante, el cielo estaba teñido de un azul intenso, y el mar seguía teniendo ese color turquesa que permite ver los peces a pocos metros de la orilla.


Esta imagen de arriba está tomada desde lo más alto de la duna, y se puede ver toda la ensenada, algunos locos que como nosotros se animaban a subirla con el calor del mediodía, y al fondo las estribaciones de Punta Paloma, donde arranca la ensenada de Valdevaqueros, en las proximidades de Tarifa, paraíso de los amantes del viento y de la mar.


Estas dos últimas son sólo la prueba gráfica de que subimos a pesar del viento (o gracias a él). 
Bajar ya fue otra cuestión.


La semana que viene retomamos la segunda parte de las vacaciones, con lo que tampoco podré subir aportación, pero prometo material para ir ilustrando la vuelta al cole.

Chaooo


JLROMERO

@romerojl