sábado, 17 de agosto de 2013

LO QUE DIOS QUIERA

LA COLUMNA DE LOS VIERNES


LO QUE DIOS QUIERA

Parece que las ideologías son un verdadero problema cuándo hay que hacer política, no solo cuándo hay que gobernar, que ya sería un suplicio tener que hacerlo, de manera estricta, con arreglo a las normas  que cada ideología defiende. Parece que es un problema el simple hecho de tener en cuenta los principios ideológicos propios de cada organización en el momento de plantear algo tan teórico como es un programa electoral.
Hay, incluso, quienes defienden que las ideologías llegan a limitar la libertad de los individuos dentro de las organizaciones políticas en el momento de buscar nuevas soluciones para problemas viejos o nuevos, piensan que cierta flexibilidad en el pensamiento político deja mas espacio para  facilitar la entrada de nuevos y renovados militantes.
Yo no sé, hay matices,  pero es cierto que parece que las organizaciones políticas algo tendrían que estar haciendo sobre estas cuestiones.

Tal vez lo estén haciendo. De hecho,  se podría interpretar que algunas destacadas contradicciones entre la ideología y el comportamiento real de los partidos, son el resultado de la búsqueda imaginativa de los mismos para encontrar salida a debates teóricos que chocan con las necesidades concretas de los grupos sociales.
Veamos algunos ejemplos:

El Liberalismo que impregna las ideologías conservadoras actuales plantea que el Estado tendría que intervenir lo menos posible, casi nada en el devenir de la economía y en las atenciones y derechos sociales. Hay que dejar plena libertad al sacrosanto “Mercado” para que sitúe a cada uno dónde le corresponde.
Sin embargo, continuamente vemos como votantes, militantes y responsables políticos del Partido Popular  defienden ayudas y compensaciones del papa Estado a las empresas y ciertos colectivos para suavizar sus quebrantos por  los avatares de ese Mercado.

El Universalismo e Internacionalismo  que se guarda en las esencias ideológicas de Izquierda Unida no impide que, cuándo las cosas no van bien, se realice algún replanteamiento y se apueste por medidas económicas de ámbito nacional, aunque eso pudiera suponer el descuelgue de los ámbitos políticos y sociales de nuestro entorno.

El Progresismo humanista que emana de la social democracia tendría que hacer que la base ideológica del PSOE sitúe al Hombre en el centro de nuestro universo. Pero, al mismo tiempo, se acepta esa terrible condescendencia que permite la integración de muchos de sus destacados líderes en una militancia religiosa que, esencialmente, aparta al Hombre  a un segundo plano en  las escalas de la decisión  sobre lo que somos y lo que queremos ser, sobre la importancia que tiene cada uno de nuestros valores, cada uno de nuestros humanos objetivos.
Al final, todo se simplifica: Lo que Dios quiera. Valiente socialismo se puede practicar desde ese principio.

Es fácil tener ideología, basta con un pequeño esfuerzo intelectual, o tal vez ni eso. Incluso tradicionalmente ha sido sencillo colectivizar las mismas y crear organizaciones en torno a ellas. Lo difícil es defenderlas y ponerlas en práctica cuándo se tiene ocasión.
¿Qué le vamos a hacer?

Ricardo Garanda R. (@rgarciaaranda)