miércoles, 27 de noviembre de 2013

Aguas y nubes

EL OJO DEL FOTÓGRAFO

Aguas y nubes


Ya he comentado en alguna entrada anterior que para mí la fotografia es una válvula de escape, una forma de reencontrarme conmigo mismo. Cada vez que necesito relajarme, descargar la tensión con la que la rutina diaria nos agobia, cojo la cámara, el coche y me escapo a mirar, caminar y hacer fotos en soledad.

Esta serie corresponde a uno de esos momentos. Hace un tiempo necesitaba sosegar mi espíritu, y la mejor forma que encontré para combatir mis fantasmas fue coger el coche con la cámara y salir sin rumbo fijo a encontrarme con el paisaje. La suerte acompañó, y las nubes aportaron texturas y contraluces.




Es una gran ventaja contar en la cercanía a mi casa de espacios accesibles, donde el Guadiana se remansa en la cola del pantano del Vicario, para encontrar en poco tiempo esos lugares. Esa mañana de junio parecía de otoño por las nubes y los colores, pero estábamos acabando la primavera y parecía que el verano aún no se atrevía a enseñorearse del paisaje.


Nubes y aguas, de nuevo los reflejos. Sigue pareciendo una obsesión el lema de este blog.

Al crear una panorámica, -otra de mis obsesiones- he observado un efecto curioso. Esta imagen tiene 15 fotografias individuales, pero hay una de ellas que no pertenece a la serie, y está sobreexpuesta, y al componer la toma final, se ha "colado" en el programa de montaje.
La he dejado porque parece una especie de ventana en el cielo que dirige la mirada hacia la isleta central del remanso. ¿que os parece el efecto?


Mas panorámicas, mas reflejos, mas juegos de luces con las nubes arriba y abajo.

A lo largo de aquella mañana el cielo se abría a intervalos y los rayos solares, filtrados y matizados por las nubes, se colaban en la mañana, texturizando con nuevos colores el resultado final.


 Cuando el viento se calma y no riela la superficie del agua, es una gozada jugar a espejarla para buscar figuras simétricas.


Eliminar el horizonte hasta el límite más extremo de la imagen confiere todo el protagonismo al agua, a la vegetación, a los reflejos...


Prueba de que el verano llamaba a las puertas son estas amapolas en sus últimos esplendores.
 Nota de color a los cielos grises y azulados.


Y por úlitmo, una flor solitaria, con el fondo monocolor del agua, una imagen minimalista para  cerrar esta aportación de autoterapia zen relajante.


Hasta aqui la entrada de esta semana. Ya veis que métodos uso como terapia para reequilibrar mi espíritu cuando necesito espacios de introspección y relax. No hay nada mejor que un paseo por la naturaleza con la cámara, la soledad como compañera, y el ojo atento a aquello que pueda componer algo hermoso y equilibrado.

Espero que esta sesión de terapia os haya gustado. Si es así, os espero de nuevo otra semana más en este rincón. Gracias por vuestra atención y fidelidad. Chaaaaoooo!!


JLROMERO

@romerojl