viernes, 1 de noviembre de 2013

La Memoria de nuestra Historia

LA COLUMNA DE LOS VIERNES

La Memoria de Nuestra Historia

Una víctima que sufrió la represión política en las cárceles rumanas declara, a través de un  reportaje que apareció en la prensa ayer en España, que su interés no es tanto que enjuicien e incluso condenen a dos ancianos de mas de 85 años. Si algún día lo deseó intensamente, ahora ya carece de importancia.

Lo que realmente desea con todo su alma esta víctima de las torturas y la humillación provocadas por el Poder es que se sepa todo, que se hable de ello, que se investigue y salga a la luz. Que la gente entienda de una vez que aquellas celdas de castigo, en las que no te podías erguir del todo, dónde te metían por no pensar políticamente como ellos, existían. Fueron dramáticamente ciertas.


La vida no es muy larga. Es poco para comenzar y cerrar la historia. Es necesario que la vida de cada persona se proyecte más allá, hacia el futuro y, por supuesto, desde el pasado.

Es muy difícil de explicar la amnesia colectiva que puede formarse con la suma de los olvidos voluntarios de cada uno y cada una. Sobre todo porque esos olvidos están marcados con la intención de negar nuestros propios errores. O los errores de nuestras prolongaciones personales, enlazadas con nosotros por eslabones genéticos o ideológicos.

En Rumanía se plantea que el gran retraso en enjuiciar los atentados a los derechos humanos que allí se produjeron, ocurre, entre otras causas, porque hasta hace muy poco los fiscales eran los hijos de los fiscales que entonces permitieron las barbaridades. Eslabones genéticos.

¿Y en España? ¿Qué ocurrió en las cárceles, en las cunetas, en los muros de los cementerios durante las décadas posteriores a la guerra y durante toda la duración del franquismo?
¿Que tipo de eslabones nos encadenan para que aún no se hable de ello con absoluta libertad? Y se aclaren las dudas, y se lamenten los errores, y se castigue penal o socialmente a los responsables.
Eslabones genéticos aún quedarán algunos entre nuestra clase política, es muy probable. Pero, sobre todo adquieren aún una fuerza tremenda los impedimentos de proteger a responsables ideológicamente afines. Y ni siquiera se dan cuenta de que con éste proteccionismo se están autoinculpando para la historia.

Las generaciones de jóvenes pueden sacrificar, si quieren, su derecho intelectual a conocer cómo fueron exactamente las cosas. Pero la gente  que sufrió aquello en sus carnes, y sus hijos, y sus amigos, quieren que lo sepan, que todos sepamos exactamente que es lo que ocurrió.

Y los familiares quieren sacar a sus antepasados de los barrancos, fosas comunes y cunetas, y honrarlos. Completar la Memoria con un hecho físico que sitúe el maridaje entre el recuerdo y la actualidad en un acto de amor entre padres, hijos  y, también, entre hermanos de ideología. 
¿O es que éstos eslabones no cuentan?

Mientras, esta democracia está incompleta por deseo expreso de sus gobernantes.

Ricardo Garanda Rojas
@rgarciaaranda