viernes, 9 de mayo de 2014

Sociedades rotas?

LA COLUMNA DE LOS VIERNES

Sociedades rotas? 

Están ocurriendo cosas en el Mundo, en nuestro País, que nos abocan a desequilibrios morales y sociales difíciles de abordar y tratar de solucionar. Los instrumentos de fuerza social están tocados, muy tocados como consecuencia de los egoísmos desacerbados de las clases más poderosas.
Tanto en el ámbito internacional como en la nacional, una sociedad desarticulada, desestructurada, sufre una debilidad que le impide acometer los necesarios objetivos para encarar con fuerza y garantías un futuro mejor. 


Qué capacidad tiene la sociedad internacional, y no me refiero a los gobiernos, ni a los organismos internacionales, me refiero a los pueblos, a los hombres y mujeres. Qué capacidad tenemos para enfocar cuestiones como la que está ocurriendo en Nigeria, dónde una organización terrorista ataca, no sólo a nuestro sistema de vida, como dirían los norteamericanos, sino a las esencias mismas de ese sistema, que aún consideramos democrático. Si hay una ideología que defiende que las chicas no pueden ir al colegio, que no pueden desarrollar sus mentes, que ni siquiera pueden intentar ser iguales que sus congéneres masculinos. Si esto está ocurriendo en este mundo ¿Cómo se lucha contra ello? No bastan decisiones gubernamentales, que, por cierto, tampoco están abundando. Los ciudadanos del Mundo han de comprender que esto es una barbaridad que nos destruye, y han de saber asumir un compromiso inequívoco de lucha, de confrontación, de defensa de nuestros principios humanos. 

Pero no somos capaces de hablar de estrategias internacionales relacionadas con posiciones de ética, de moral, de defensa de los derechos de los más débiles. Desde el momento histórico de “las Internacionales”, éste compromiso universal de las clases trabajadoras ha ido de mal en peor.  Sólo el poder del Capital ha conseguido una mayor globalización abusando de la debilidad de las luchas laborales nacionales. 

Estos poderes son los que nos están destrozando en España, y aún no han parado, han olido la sangre y no sueltan la presa. Aún podemos los trabajadores y las trabajadoras de este País debilitarnos más, mucho más. Ellos lo saben. No sé si nosotros comprendemos la importancia.
Estamos muy tocados. Hace unos años, en la dictadura, cuándo trabajadores y líderes sindicales iban a la cárcel por defender sus derechos, nosotros nos crecíamos, multiplicábamos nuestras acciones de lucha. Ahora tenemos un montón de sindicalistas amenazados de cárcel por su participación en huelgas y movilizaciones. ¿Qué estamos dispuestos a hacer si se hacen realidad esas amenazas de los fiscales? 

Esos fiscales que no se preocupan en absoluto del atentado contra los derechos de los trabajadores que, en huelgas y sin ellas, cometen los empresarios de nuestro País. 

Es una estrategia más de los poderosos. La nueva interpretación de las normas y los hechos que se está haciendo pone muy en duda el statu quo de esta sociedad, ya en sí muy desequilibrada a su favor. Y todo ello con los medios de comunicación tradicionales como instrumento, y con la complacencia de ese sector de la sociedad que asiente, quedó está satisfecha mientras que lo suyo personal aguante, se mantenga. El sufrimiento de los demás les trae al pairo.

Estamos solos. La cuestión ahora es saber si llegando el momento, estamos pensando en pegar un quiebro a la historia y dejar que se salgan con la suya, o estamos dispuestos, con nuestras organizaciones a defender nuestros derechos. 

Si miramos esa historia de luchas, en realidad su fuerza no es tan nueva. ¿Y la nuestra, es tan vieja que se nos olvida?

Ricardo Garanda Rojas
(@rgarciaaranda)