viernes, 26 de diciembre de 2014

Felices Decepciones



LA COLUMNA DE LOS VIERNES

Felices Decepciones




El año no ha sido como algunos  hubiésemos deseado porque la humanidad no se parece en nada a la que de verdad desearíamos.

Otra vez en ésta inercia de las multi-felicitaciones. Felices fiestas, feliz año, felicidades…Es grande la voluntad expresada en el deseo, tanto como pequeñas las posibilidades de que tales deseos sean realmente eficaces. La primera imagen que vi ayer, el magnífico día de Navidad, fue una fotografía de gran número de personas en las colas de Cáritas de Madrid. Seguramente se estaban felicitando las fiestas.

 

Me dicen algunos de mis amigos que ya no se trata de una fiesta religiosa, que su importancia está en la Tradición y yo me pongo a temblar cada vez que oigo ésa palabra. La Tradición anula cualquier planteamiento racional de hacer las cosas que no nos gustan un poco mejor, o al menos intentarlo.

Por tradición mantenemos una sociedad injusta y machista, por tradición maltratamos animales por doquier, por mentalidad tradicionalmente cómoda y cobarde se pierden de manera continua posibilidades importantes de avances en la sociedad, en su cultura, en el mundo de la medicina y la ciencia.

Le damos tanta importancia a la tradición que incluso aceptamos que ciertos poderes tradicionales se sitúen por encima de los que, como pueblos, decidimos democráticamente. 

¿En qué está basada la fuerza de una Monarquía sino es en la tradición? ¿Cómo sería posible que la gran mentira de la Iglesia se siguiera sosteniendo si no fuese por su enraizamiento en la tradición de los siglos?

Dicen que estuvo bien Felipe VI en su intervención televisiva con el mensaje navideño. Estupendo, pero mucho me temo que las palabras bienintencionadas de un Jefe de Estado impuesto por la tradición, por mucha cobertura constitucional que tenga, resta a la institución el poder democrático necesario como para que su análisis de la realidad pudiera tener repercusiones positivas en los problemas que ésta sociedad atraviesa.

¿Y la Iglesia? Se lleva el dinero fruto de nuestro trabajo, se apodera de bienes que nunca heredaron ni compraron, se niega a pagar unos impuestos que serían magníficos para cubrir necesidades perentorias en éste mundo, que es el de Ella, por mucho que trate de ignorarlo hasta el extremo de negarse, por la vía de los hechos, a someterse a las leyes civiles y penales de éste País. Pareciera que no hay cárceles para sus delitos.

Pueden ser buenas las palabras del Rey y del Papa. Pero sin hechos, son totalmente inútiles. Peor, son pantalla que nos despista de las barbaridades que se están haciendo día tras día, en el reino de uno y en el reino del otro, que son el mismo: el de las gentes que sufrimos las felices decepciones.



Ricardo Garanda Rojas 

(www.rgaranda.blogspot.com)