domingo, 17 de abril de 2016

Los que dicen que alentar la memoria histórica es alentar el revanchismo.

Alicia Domínguez
Los que dicen que alentar la memoria histórica es alentar el revanchismo guiados por el rencor es que no han sufrido en su entorno familiar la represión, la humillación y el olvido. Muchos lo dicen de buena fe, me consta porque tengo en mi entorno a gente magnífica que así lo cree. Lo que no saben es que el olvido histórico nos mantiene atados al pasado; nos convierte en Sisifos eternamente condenados a subir por la pendiente de la historia la piedra de las injusticias no reparadas. Y toda herida mal curada supura y devora por dentro; a las personas y a las sociedades. Mientras no nos demos cuenta de ello, habrá dos visiones antagónicas e irreconciliables de España.

Walther Bernecker, eminente investigador alemán, se asombra de que todavía en España no haya un consenso básico sobre cuestiones tan importantes para nuestra historia como la responsabilidad originaria del comienzo de la Guerra Civil. "Preocupa, igualmente —afirma—, que ciertos círculos derechistas sigan teniendo problemas con la memoria histórica, cuando la inmensa mayoría de los españoles de hoy, por motivos puramente no puede tener responsabilidad personal de nada de lo que ocurrió hace 80 años…"
Hace unos años visité Berlín. Me sorprendió ver que la memoria del holocausto estaba presente en cada piedra de esa ciudad. En cada barrio había una placa conmemorativa, en los edificios emblemáticos se recordaba a los judíos deportados, menudean los memoriales, los museos. Debo confesar que llegó a asfixiarme ese continuo reconocimiento de la culpa colectiva. En el otro extremo está España. Aquí, ochenta años después, seguimos negándonos a asumir la historia. Se nos olvidan hechos como que la ONU condenó el franquismo en 1946 y prohibió a España ingresar en esa organización. Se nos olvida también que, sesenta años después, el Parlamento Europeo volvió a condenar el régimen de Franco, lamentablemente con la oposición del PP. Y de aquellos barros estos lodos… Tanto olvido nos lleva a que, a estas alturas, una parte de la sociedad siga rasgándose las vestiduras cuando se ordenan retirar los nombres de las calles o los símbolos franquistas. Esos mismos son los que, reconociéndose demócratas, condenan la dictadura cubana o soviética y, sin embargo, hace la vista gorda con el franquismo, que no fue sino otra dictadura con los instrumentos represivos que todas las dictaduras, sean del signo que sean, tienen.
Por pura higiene democrática, una sociedad con un pasado tan violento como el nuestro, no puede obstaculizar la labor de la memoria histórica y de las asociaciones que luchan por preservarla. El olvido histórico es a la sociedad, como el Alzheimer al individuo: lo despoja de su humanidad, de su identidad y lo convierte en un ser sin voluntad, a expensas de otros que utilizan el olvido en su beneficio.
Una sociedad verdaderamente sana, debe afrontar su pasado con verdad, sin revanchismo y con ánimo de restauración. No se puede pretender poner punto y final a una historia que sigue doliendo a casi la mitad de la población española, a los herederos de los vencidos, aquellos que vivieron humillados, silenciados y estigmatizados durante el franquismo y olvidados durante la democracia, a aquellos cuyos antepasados aún permaneces enterrados en las cunetas de las carreteras y los campos de este país. Y de éstos, especialmente a las mujeres, las víctimas de las víctimas, las madres, las hijas, las esposas, que tuvieron que sufrir el doble estigma de rojas y de mujeres; que tuvieron que sacar adelante a sus hijos sin medios económicos, pero con una dignidad, una tenacidad y una fortaleza ante la que tenemos que descubrirnos porque fue verdaderamente heroica. Sara Gallardo Lopez y Vanessa Perondi lo han sabido plasmar perfectamente en su magnífico documental 'Las víctimas sin llanto'. En él han puesto voz a las que vivieron obligadas a callar; gestos -las imágenes de las manos son verdaderamente soberbias-, al dolor y música -la voz de Pilar la Mónica es el broche perfecto- a la esperanza. Gracias por ello.
Seguimos. Día a día. Pasito a pasito. Aunque avancemos dos pasos y retrocedamos uno y medio -es la historia de la humanidad-. Seguimos, porque no se puede pedir olvido a quienes se le ha prohibido durante cuarenta años recordar en voz alta y se le ha recomendado, durante casi otros cuarenta, no remover el pasado en aras de una concordia que, lamentablemente, siempre se pretende cimentar sobre los mismos…

Aicia Domínguez es autora de "El Verano que trajo un largo Invierno"  Ensayo histórico sobre la represión franquísta en Cádiz.
Recientemente ha publicado la Novela "Viaje al Centro de mis Mujeres", ya en su 2ª Edición.