miércoles, 27 de marzo de 2013

Viejo y olvidado

EL OJO DEL FOTÓGRAFO



Antes de nada, comentar que la etiqueta que da nombre a esta sección no es nada original, ya que "El ojo del fotógrafo" es el título de un conocidísimo libro de Michael Freeman, uno de los recientes gurús de la divulgación de esto de la fotografía digital. He cometido la osadía de apropiarme de dicho título ya que me parece una forma muy acertada de definir el elemento esencial de la fotografía.


Hoy quiero presentaros una serie de instantáneas que he agrupado bajo la denominación de viejo y olvidado. Son unas fotografías (aunque parezcan lo contrario) que tuve la oportunidad de conseguir de una manera casual. Vuelvo aquí a recordar la importancia de viajar siempre con una cámara cerca. Nunca se sabe donde tu ojo verá un buen resultado. 


 
En esta ocasión el lugar es un recóndito pueblo, Minas del Horcajo, en los confines de la provincia de Ciudad Real, donde las estribaciones de Sierra Morena anuncian las tierras andaluzas. Para llegar a este lugar hay que realizar una caminata de más de 4 kilómetros y atravesar un túnel de más de 1 km. El resultado de la marcha no deja indiferente. Un pueblo que antañofue una próspera explotación minera, abandonado, y lleno de ruinas porque se hundieron deliberadamente las viviendas cuando se abandonó la explotación, movidos por turbios y oscuros intereses.
 

 
En el pueblo en la actualidad, mas allá de una casa rural, sólo queda por visitar las ruinas de la iglesia, el poblado derruido y los castilletes de las torres mineras, que son una bella muestra de arquitectura industrial del siglo XIX. 
 
Pero hete aquí, que paseando por entre las ruinas entreví la puerta abierta de una casa que aún conservaba parte de la techumbre y me arriesgué a entrar. Si el techo no se había caído ya en todo este tiempo, mala suerte sería que lo hiciera en ese momento.
 
Lo que me encontré dentro me sugirió una historia muda de emigración, abandono y paso inexorable del tiempo, y la plancha de la ropa en el armario, o la vieja televisión olvidada, denota que quienes abandonaron esta casa, lo hicieron con la remota esperanza de volver algún día.
 

 Parece evidente que eso no fue así. También es evidente que el techo no se desplomó sobre mi cabeza mientras estuve dentro. Luego sólo tuve que darle un tratamiento digital para intensificar unos colores que ya estaban allí cuando los ví, y dejar constancia en este blog, del inexorable paso del tiempo.


 
Tempus fugit
 
JLROMERO