miércoles, 22 de mayo de 2013

Analógico


La afición a esto de la fotografía me viene de lejos, de cuando hablar de fotografía digital era un futuro muy, muy, muy lejano. Sin embargo, las fotos que hoy traigo aquí ante vuestros ojos, tienen algo de aquella vieja magia. Efectivamente estan hechas con una cámara analógica de carrete de 35 milímetros.


Aún hoy es posible encontrar carretes en las tiendas de fotografía, junto a los kioskos de revelado digital.
Un buen día, caí en la cuenta de que mis hijas, (sus retratos cierran esta entrada) habían crecido con artefactos digitales entre las manos, y desde muy pequeñitas estaban acostumbradas a hacer fotos con distintos dispositivos, móviles, consolas o cámaras de mayor o menor calidad, pero todo en digital, tarjetas de memoria y al ordenador.


Yo mismo reconozco que soy bastante perezoso para imprimir las fotos que hago, y me conformo con verlas en la pantalla y compartirlas con el mundo a través de las redes sociales.
Pero no siempre fué asi, y prueba de ello son los más de 60 álbumes de fotos en papel que abarrotan una estanteria de casa, y los cientos de diapositivas que languidecen bajo el polvo del trastero.

Por cierto, esta panorámica de "gigantes" es una panorámica artesanal. Son dos fotos en papel, pegadas por detrás, como se puede observar en los picos de ambas en la parte inferiror. Artesanal todo.



Así que una buena mañana de no hace mucho tiempo, desempolvé mi vieja Minolta (con la que salgo en el autorretrato que encabeza este artículo) busqué un buen rollo de blanco y negro, le calcé el maravilloso objetivo de 50 mm que tenía guardado y me lancé a la calle, a realizar 36 disparos.


Lo primero que aprecié, fue que tenía que volver a seleccionar muy mucho el disparo. Cada click, era un fotograma menos de una cuenta de 36. Nada de hacer 10 fotos de la misma flor para luego seleccionar al volver a casa de una lista de 200 fotos... nada, de nada. Ver, mirar, elegir, encuadrar, y un único disparo.


Lo segundo que aprecié, es la cara de idiota que se me quedaba cada vez que, tras hacer una de las fotos, miraba la parte trasera de la cámara para comprobar.... que allí solo había una tapa negra, y que tendría que esperar algunos días para ver si eso que había capturado era bueno o malo, estaba bien expuesto o no.



Y por último, y quizás lo que más me sorprendió, es que después de tanto tiempo trabajando con cámaras digitales, aprendiendo mediante la prueba y el error, experimentando haciendo miles de fotos, descubrí con gran regocijo, que usando una vieja cámara reflex de gama baratita, evidentemente todo en manual, y seleccionando los parámetros en base a la experiencia adquirida con la digital, resulta que las fotos analógicas que obtuve me parecieron infinitamente mejores de las que hacía cuando sólo tenía la posiblidad de capturar de esa manera. 




Con lo que tuve que llegar a la conclusión, que con el tiempo, uno ha ido aprendiendo alguna cosa, y no ha sido en vano el tiempo invertido (que no gastado) en entretenerme en esta cosa de la imagen.
 ¿No os parece?

Por cierto, las fotos estan tal cual salieron del laboratorio de revelado, sólo me he permitido la licencia al escanearlas de incorporarle una firma a modo de marca de agua. Pero no tienen postproducción alguna.

Espero que esta entrada retrospectiva en la técnica fotográfica os haya gustado. Volveré a "tirar" algún otro rollo un día de estos. Espero que lo podais ver. Hasta la semana que viene.

JLROMERO