viernes, 31 de mayo de 2013

Prólogo al Diario de un Sindicalísta



 LA COLUMNA DE LOS VIERNES


Prólogo al Diario de un Sindicalísta

Hoy no quiero hablar de fútbol, se me ha pasado la euforia. Y es una pena, porque insisto en que esto del fútbol es un buen método para discutir (¡¡Oh, gran placer!!) y aún así hacer amistades. Pero estoy desmoralizado por un par de razones que atentan directamente contra mi espíritu idealista, también en esto.

Lo que hoy quiero contar es que si yo conociera a un Sindicalísta dispuesto a escribir la historia de su vida y su trabajo, del compromiso entre ambos. Si ese Sindicalísta se atreviera a pedirme que le hiciera yo la introducción, el prólogo a su historia.  Y si, además, yo tuviera alguna idea clara para hacerlo le diría que yo pensaba que  “el Falcao” luchaba por una meta deportiva, una magnífica, la de jugar en la Champions y pasar a la historia luciéndose ahí, contra los mejores. Pero no, solo la pasta y nada mas que la pasta. Ignorante, se arriesga a  pasar a la historia como un “pastoso” del montón. Pero, eso sí, pasará a la historia y el Sindicalísta lo tiene bastante más crudo.

Diría en ese prólogo lo mismo que le dije a otro, éste real: que él ha estado siempre ahí, y siempre estará aunque ya no ejerza. Le diría que el Sindicalísta está en el conflicto, de manera continua, no es que se acerque, no es que intervenga en él, es que vive en él. Y ahí tiene que manejar todos sus sentimientos: alegrías, frustraciones, alegrías de los demás, frustraciones de los demás. Profesional de la empatía, experto en compartir ilusiones.

Pero en el fútbol nada de esto, la gente triunfa socialmente sin necesidad de grandes altercados emocionales. Menos mal que nos queda Del Bosque, priorizando el sentimiento. Es de los antiguos y dice cosas que me suenan a gloria: “es de los nuestros”, “es imprescindible que los que estén lo hagan ilusionados…” ¿Cuándo empezaron a acabarse estos tipos en el fútbol?. Ya sé, cuándo hubo presidentes que entendieron que no eran negocio, que así no se conseguían riquezas en los traspasos, ni en publicidad, ni en nada. Que el negocio no está tanto en la partida, sino en el movimiento de los peones.

Para terminar el prólogo, si éste fuera posible, tendría que reconocer que el Sistema tiene algunos problemas serios con los Sindicalístas. Mejor dicho, no es “el sistema” éste realmente queda reforzado, especialmente en la necesidad de controles democráticos. Son los que se creen ser los “sostenedores” de ese sistema los que realmente preferirían que no hubiera Sindicalístas, se escapan a su control, no los controlan con planteamientos partidistas, con chantajes ideológicos, ni con otros sistemas al uso.

En esta época de capitalismo desacerbado, el poder, el gran poder necesita controlar todo y lo hace con su gran arma: el dinero. A veces por exceso y otras por defecto, a unos hinchándoles y a otros vaciándolos. Y este desequilibrio está absolutamente asumido por la enorme mayoría. No por los Sindicalístas, por eso resultan incómodos.

Por esos excesos no me gustaba a mi el Madrid; buscar éxitos deportivos a base de talonario, en lugar de gastarse ese dinero en formar creadores de éxitos. No soporto el modelo y ahora  el Barça hace lo mismo, ya lo hacía antes pero parecía que ahora ya no.  El gran fichaje, el escaparate, el gran movimiento de euros…A las camisetas del futuro hay que ponerles otro número y lo de vivir de la cantera les da la riqueza de espíritu pero no la que interesa. “la pela es la pela” también aquí. Como diría mi hija: ¡qué fuerte!. El año que viene os ganamos.

Y mientras se asume esta barbaridad, que fácil es atacar a los que se dedican a lo contrario, a defender la ética cotidiana, a defender a los trabajadores, cada vez más vulnerables. A convertir este lodazal en algo mínimamente aceptable.

Terminaría ese poco probable prólogo con las palabras de Iñaqui Gabilondo: “…que bien asfaltado les estamos dejando el camino a quienes realmente nos explotan cada día.” .

Pues eso.

Ricardo Garanda R.