viernes, 3 de mayo de 2013

Epístola al Cardenal Rouco Varela

LA COLUMNA DE LOS VIERNES



Sr. Rouco Varela:

Permítame, su Eminencia, esta humilde pero segura misiva, trasladándole mi convencimiento, mas seguro que humilde, de que si tuviera en consideración un uno por mil de mis reflexiones ambos podríamos ser más felices. Es más, mucha gente, miles, millones de personas podrían ser algo más felices.

Conocimos en este País a un antecesor suyo en el jerárquico cargo eclesiástico. Le correspondió ser Cardenal en una época realmente complicada: el último franquismo, con sus huelgas, sus movilizaciones sociales, sus cargas policiales, sus detenciones, sus condenas a muerte. Y en aquella esperanzadora, pero igualmente complicada del inicio de la democracia, la Transición. Gran momento, solo al nivel de los grandes hombres y las grandes mujeres, ésas a las que su Eminencia no parece concederles excesiva importancia como sujeto que toma y ha de tomar decisiones vitalmente importantes. Pero no quiero irme del tema, que luego dice mi amigo Pablo que me enrollo.

El caso es que el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón consiguió algo realmente difícil en aquella España, en la que los no creyentes estábamos “francamente” hartos de la presión religiosa que se nos metía por todos los poros de nuestra convivencia diaria, consiguió nuestro respeto, no solamente a su figura personal sino, también, de alguna manera, a lo que representaba, a Su Iglesia. Se ganó ése respeto, en gran parte, porque nunca se le ocurrió imponer sus principios ideológico-religiosos a las verdaderas necesidades y prioridades de la sociedad de la época.

Y está usted aquí y ahora, tratando de imponer sus criterios por encima de todo. Tratando de que las normas internas de su Iglesia se impongan a toda la población, a pesar de que muchos repudiemos sus principios religiosos, no por confrontación voluntaria, sino por no estar de acuerdo, sencillamente. Es nuestro derecho.

Usted no se presenta a las Elecciones, no puede medir democráticamente sus apoyos, pero no lo necesita, tiene a sus monaguillos para imponer sus leyes; esos pelotas que le sirven a usted de instrumento para conseguir castigar el pecado con leyes del Código penal. Como dice el genial El Roto: “Como no creéis en los pecados, los convertiremos en delitos”

Nadie plantea que el Aborto sea algo a imponer. Incluso es comprensible que las mujeres creyentes de su religión sean consecuentes y no lleguen a practicarlo nunca aunque las leyes se lo permitan. Pero lo que no es de recibo es que usted y los suyos, encabezados por el monaguillo mayor, el poco gallardo Gallardón, nos impongan esos “grandes” principios, incomprensibles e inaceptables para muchos millones de mujeres y hombres que tenemos suficiente nivel de inteligencia como para saber elegir en qué creemos y en qué no. Por mucho que usted lo dude.

Señor Cardenal Primado de España D.Antonio María Rouco Varela con los mismos instrumentos (con muchos mas, diría yo) usted ha conseguido que dónde el “Cardenal Tarancón” consiguió respeto, ahora haya desprecio hacia lo que usted representa. Y, además, de manera totalmente inútil, porque usted, que tampoco es tonto, sabe que sus éxitos de ahora en la prohibición del Aborto, en resituar la asignatura de religión, en conseguir mas y mas apoyos económicos, no serán otra cosa más que “victorias pírricas”, porque mucha gente en este País no estamos dispuestos a dejarnos pisotear permitiendo ir para atrás en los logros sociales que tanto nos ha costado conseguir.
No somos nosotros, sino usted quien se empeña en confrontar, y tendremos que defendernos.

Señor Rouco, parece querer un éxito personal a toda costa y tal vez ahora, usted y sus ministros (los laicos) y sus ministras (claro, las laicas) puedan sonreír. Pero, oiga, sólo un rato.

Si quiere reflexionar sobre estas cuestiones, está aún a tiempo, pero deje en paz a las mujeres, déjenos en paz a todos.

Quedando a la espera de su amable respuesta, le saluda atte.

R. GARANDA R.

Fe de erratas: La coincidencia jerárquica entre el Cardenal Tarancón y Rouco Varela se produce en el cargo de Presidente de la Conferencia Episcopal Española que el primero ostentó y el segundo es en la actualidad. Y no en el de Cardenal Primado como erróneamente se dá a entender en el artículo, que el Cardenal Rouco nunca ha sido por no ser Arzobispo ni de Tarragona, ni de Toledo, ni de Braga