viernes, 28 de junio de 2013

Miguel Poveda: Una Máquina



LA COLUMNA DEL VIERNES


Miguel Poveda: Una Máquina

Salió en las Ventas con pinta de paleto, con chaqueta ajustada y corbata. Pero aquí  pegó un oportuno corte a los imbéciles que nunca faltan. Algunos silbidos y un fuerte murmullo de desaprobación cuándo Serrat canta en su idioma. Todo se cortó cuándo el propio Miguel le dio la réplica, en un precioso dueto, también en catalán. Bien por el  “paleto” de Badalona: “que bonito es poder cantar en tu propio idioma”. Imbéciles callados. Seguro que cuándo cantó a Miguel Hernández ni respiraban.

Corbata fuera, camisa negra  y nuez al aire, enseñando las venas de la garganta  casi reventándose con el ansia de sacar su voz quebrada por el sentimiento pero limpia para entenderse. Flamenco. Se sentó, miró a Chicuelo y su guitarra, y a tope. Flamenco. Empezó con “las minas” y terminó “por Caí”. Y en medio casi todo. 

Como repetía Pedrulo una y otra vez: una máquina. .

Y Miguel vuelve a cambiar, se acabó la camisa negra, volvemos a la blanca: Primero Carmen Linares y después la Copla. Que gran repaso. Hasta a mi me terminó gustando. ¿Cómo no?  Si hasta se manejó con Lorca. ¡Una Máquina! No había prisas, el disfrute era mutuo y las horas pasaban en el reloj de las Ventas como si el tiempo hubiese perdido definitivamente su batalla con el espacio.

Y se puso la pajarita para un eterno final. Sacó al escenario a  María Dolores Pradera y se marcaron el dueto del Caballero de fina estampa, grabado ya en su último disco (de la dama) . Y después todo, desde Bambino a Camarón, pasando por una interpretación espectacular de la gran Chavela y bordando su versión del tango argentino. Con arreglos de buenos músicos, ritmos de grandes palmeros y fiestas de un magnífico cuarteto de bailaoras.

Y todavía quedaba un último cambio en su vestuario. Después de  mas de doscientos diez minutos en el escenario, con todos los músicos, palmeros y bailaoras detrás, se quedó mirando “al respetable”, tiró la pajarita, se quitó el micrófono y se arrancó con una última “a capela”.Y se le oía desde el tendido de enfrente, ya lo creo que se le oía.

Pues eso: ¡Una Máquina!

Ricardo Garanda R.
(Madrid, Junio 2013)