jueves, 2 de enero de 2014

Que dimita la transición



LA COLUMNA DE LOS VIERNES

Que dimita la transición (*)


En algún sitio he leído uno de estos días una expresión que me llamó la atención: “Que dimita la Transición”.  Y tengo un amigo, un socialdemócrata de casi 60 años, que militó y aceptó las cesiones en aquel momento histórico. Pero ni mi amigo ni yo tenemos intención de confrontar con el sentimiento y el razonamiento que deja traslucir esa expresión. Mas al contrario, nuestras reflexiones pueden ir por un camino bastante parecido.


La Transición Española fue el cambio político y social del franquismo a la Democracia. Fue un PACTO. Un Compromiso para incorporarnos a otro PACTO ya existente: el de que en la Europa Occidental los beneficios del Estado de Bienestar más esenciales no se tocaban, gobernasen los socialdemócratas o los conservadores.

Esa Regla del Juego, puesta en la mesa por la Socialdemocracia e implícitamente asumida por la derecha que transitaba de la dictadura a la democracia, como medio para tratar de seguir manteniendo el poder, estimula, entonces, la aceptación de “Nuestro Pacto” por parte de sectores con una línea más revolucionaria, ideológicamente más cercanos al socialismo real y estratégicamente más inclinados al rupturismo  con el régimen anterior. 

Esa es realmente la esencia de la Transición Española: Pasar de la España dictatorial y paternalista, en lo interno, y marginal con respecto al resto de Occidente, a una España Democrática, que acepta y se beneficia de la integración plena en Occidente. A cambio, el precio es olvidarnos de cualquier otra veleidad que nos permitiera avanzar más en un modelo de socialismo real.

Aquello ocurrió entonces. ¿Qué ocurre ahora?. Pues que el escenario en el que se realizaron aquellas cesiones se está modificando, se está revertiendo en contra de los más débiles, desde el punto de vista social.

Las reformas laborales están deprimiendo cada vez más las condiciones de los trabajadores y las trabajadoras, a las enormes cifras de gente que se está quedando sin empleo, o que se está yendo a otros países para buscar el suyo, hay que añadir la de quienes aceptan niveles muy preocupantes de explotación ante la amenaza de perderlo. Los sistemas educativos no dejan de ser un espacio controlado por los lobbies más conservadores, que amputan cualquier conato de educación progresista. La Sanidad, pierde su gran nivel de atención universalmente pública, adquirida en los años 80, para evolucionar en un servicio cada vez más privado para quienes se lo puedan pagar.  La atención al dependiente está desapareciendo y la marcha atrás en avances sociales y personales como el de la despenalización del aborto marca una línea que apunta a una regresión total, con leyes represoras de la disensión y la protesta.

Así las cosas, el tan ansiado Estado de Bienestar que equilibraba  el pacto de la transición,  está desapareciendo. Gran parte se ha volatilizado ya y, mucho me temo, esto no ha terminado aún. Por tanto, desde el punto de vista histórico-político, aquel Compromiso, que a la mayoría nos pareció adecuado entonces y que ha cumplido perfectamente sus objetivos durante años, ahora carece ya de valor. Todo se ha desequilibrado y los sacrificios ideológicos y tácticos  que se asumieron entonces desde las diversas izquierdas (unas de mejor grado, otras a regañadientes) es posible que ahora ya pierdan su sentido. 

O, al menos, eso pueden pensar quienes hartos ya de tantas agresiones desde el Poder, puedan plantearse que aquel Pacto de la Transición ya no sirve y hay que volver a la casilla de salida, a replantearse las reglas del juego, porque si la derecha Conservadora española y europea no está ya en disposición de garantizar otra cosa que no sea el liberalismo puro y duro, dónde el Mercado marque sus leyes siempre a favor de los más fuertes, los partidos de izquierdas, incluidos los socialdemócratas,  estarán liberados de su “compromiso histórico” de moderación democrática, y seguir luchando  a favor de una sociedad más justa y equitativa.

Tal vez ha llegado el momento en el que todos tengamos que replantearnos, otra vez, qué es lo queremos para nuestro futuro y el de nuestros hijos y como luchar por ello. Como en otros tiempos. 

Nada fue gratis.

(*Lo he leído hace unos días en algún sitio, tal vez en un mensaje de Twitter, no lo sé exactamente, por eso pido disculpas al autor o autora de la expresión por no poder citar la fuente exacta.)

Ricardo Garanda Rojas

@rgarciaaranda