viernes, 21 de febrero de 2014

La Iglesia tiene sus Puertas cerradas



LA COLUMNA DE LOS VIERNES

La Iglesia tiene sus Puertas cerradas

La Iglesia, la potente, la católica, lleva años cerrando sus puertas para  perder lo menos posible lo que aún conserva. Que no salgan, hay que tenerlos lo más contentos posible.

Por eso dicen ésas cosas que ofenden cualquier intelecto, estoy seguro que hasta el suyo.  Porque yo no puedo ni pensar en que señores obispos, arzobispos y cardenales se crean las barbaridades que, a veces, dicen. No, imposible, son hombres cultos, leídos. Salvo que lo hagan para satisfacción de sus ovejas, que están todavía dentro y necesitan creer esas cosas de que los homosexuales se curan,  de que el sexo es solo para procrear y masturbarse es malísimo,  del  aborto en ningún caso… y muchas cosas más, porque cuándo deja de sorprendernos uno, sale otro por la otra esquina y sigue la fiesta.
Es como cuándo Rajoy dice que en el PP no hay corruptos y que toda la culpa la tiene ZP.  Tiene que controlar la sonrisa cuándo lo dice (yo creo que, a veces, se le escapa, fijaros con detalle), pero tiene que cuidar de su ganado, no se le vayan a ir escapando y al final no tenga nadie a quien mentir.


Pero sigamos con lo nuestro, no nos distraigamos con cosas mundanas. La Iglesia cierra sus puertas para que no salga nadie y se encuentra con el problema de que tampoco hay nadie que, con las puertas cerradas, tenga el más mínimo interés en entrar.  Y así éste Papa llega a la conclusión de que sus problemas no son divinos, sino terrenales, muy terrenales. Llevan tanto tiempo cerradas las puertas que los hongos y las polillas están corroyendo los mismos cimientos de la organización más grande del Planeta, y además, la gente que está fuera, en la plaza, no entiende nada, absolutamente nada. Y el Papa pide paciencia. Necesita tiempo. Yo creo que porque lo primero que necesita es saber él qué está pasando, conocer él hasta dónde llega la carcoma y medir adecuadamente el verdadero poder terrenal que tienen los pocos que aún están dentro.

No puede decir el Papa que Santa Teresa no es un fenómeno de feria, sin saber antes quienes son los que van a sacar dividendos de ésta historia. Hay que afinar, Papa Francisco, o te caes con todo el equipo por mucha infalibilidad que vaya intrínseca en el cargo.

Pero lo de la pederastia es ya otro cantar. ¿Cómo puede  ésta Iglesia seguir pidiendo tiempo para esto?.  Hay quien dice que el Vaticano tiene el mejor servicio de inteligencia. Aunque simplemente fuese bueno (cuestión fuera de toda duda), no necesitaría que nadie le dijera dónde tienen las manchas. Un mapa, país a país, provincia a provincia, parroquia a parroquia. Con muy poco margen de error, la Iglesia sabe perfectamente dónde está el daño.
Ya no hay tiempo, no hay más plazos, el daño es grande y la preocupación se generaliza. La ONU se escandaliza y cualquier sacerdote puede ser sospechoso ya, y eso tampoco es justo.

Hay que dejar ya de bloquear las puertas, hay que abrirlas de par en par, que se ventile y salga el mal olor. Hay que poner en manos de la justicia a todos y cada uno de los sospechosos de pederastia pasados y actuales. No busquen el apoyo de sus bienintencionados y ciegos fieles. Ustedes saben lo que hay, limpien.

Y después estudien las causas de este perverso fenómeno. Lo mismo llegan a la conclusión de que tanta frustración sexual no es buena ni para el espíritu ni para el cuerpo. Aunque esto, ustedes ya hace mucho que lo saben, yo creo que lo han sabido siempre, pero hace tanto tiempo que se encerraron que ahora les cuesta trabajo abrir. Pues prueben, tal vez, con el tiempo y mucha limpieza, haya gente nueva y sana que entre.

He intentado en éstas reflexiones ser lo más respetuoso posible. No sé si lo merecen, pero da igual. Al menos sepan que no soy “Un Asesino” por estar de acuerdo con el Aborto, pero ustedes sí son cómplices penales por esconder a delincuentes sexuales.  

Ricardo Garanda Rojas
@rgarciaaranda