lunes, 17 de marzo de 2014

El equilibrista

MAS DE CIEN PALABRAS Y UNA MIRADA

El equilibrista


(...)
- Siempre te seguiré. Te apoyaré en tu carrera. Siempre podrás contar conmigo.

- Yo no soy quien para pedirte nada. Pero lo cierto es que sólo contigo tengo la confianza suficiente. A tu lado me siento... no sé, quizas mas seguro de mí mismo.



- Por eso te reitero mi oferta. Me gusta trabajar contigo. Aprender a superar las trampas del tiempo. Y de la vida. Y de la gente.

- Si. Pero tu tienes que tener tu propia vida. No puedes pretender estar siempre a mi lado. Es imposible. En cierta medida somos incompatibles. Si. Es verdad. Juntos somos invencibles. Hacemos un equipo formidable. La gente nos valora. Cosechamos éxitos por allí donde quiera que estemos. Pero luego... somos muy distintos. Tu, eres un poeta. Un espíritu libre. Un romántico empedernido. Yo en cambio... todo lo mido. Nunca tengo claras las cosas y siento que soy un lastre para tu creatividad.

-Ya. Pero eso es precisamente lo que nos hace mas complementarios. Tu mente racional. Mi imaginación desbordante. Tu desconfianza patológica frente a mi romanticismo imprudente. Hace que equilibremos nuestras debilidades.

-Si. Pero estos dos caracteres nuestros tan contrapuestos... acabarán algun día por separarnos...
(...)

Esta conversación volvía a su mente una vez y otra. Machacándolo. Mientras se concentraba para mantener una postura imposible y conseguir impresionar a los paseantes, volvía a repasar aquella conversación.. casi la última que tuvo con su socio y amigo. Al final, tenía razón. Eran incompatibles. Una de las mejores parejas de trapecistas que el circo había conocido acabó un día su relación. De repente. Sin explicaciones. Sin reproches. Cuestión de confianza. Cuando uno se juega la vida en el trapecio, o confias en la otra parte... o no es posible.

Por eso decidieron separarse. Sin reciminaciones. Sin mirar atras. Se acabó. El amigo racional y desconfiado jamás volvió a subirse a un trapecio. Se dedicó a las prosaicas tareas de la contabilidad del circo y optó por una vida mas segura y sin sobresaltos.

El, en cambio, romántico como siempre, decidió poner tierra por medio. Si por algo le gustaba el circo, era por la posibilidad de ir viajando de un paisaje al otro. Conociendo mundo. Así que abandonó la carpa y a la troupe. Se puso una flor por montera y se dedicó a vagar libremente por el mundo, compartiendo sus habilidades ginmásticas con los transeuntes. Reuniendo solo el dinero suficiente para comer caliente, dormir arropado y poder seguir conociendo nuevos horizontes.

Pero a pesar de todo eso, cuando se concentraba... se acordaba de su compañero...
Hacían un equipo formidable.

Vaya que si!


JLROMERO

@romerojl