viernes, 3 de mayo de 2024

El Despotismo en Sonseca.

 

Ricardo García-Aranda Rojas

Gijón, a 03/05/24


Alejandro Martin-Peralta es un paisano mío, de Sonseca. Desde hace 18 años hasta hace unos días, ha estado impartiendo clases de Informática en la Casa de la Cultura. Lo hacía de manera desinteresada, era su voluntariado social.

Era un gran profesor, yo he sido uno de los más de cuatro mil alumnos y alumnas que nos hemos beneficiado de sus profundos conocimientos sobre Informática.

Hace poco, tras la renuncia de una de las concejalas del PSOE de esta localidad, le tocó a él dar el paso y aceptar esta responsabilidad. Pues bien, el gobierno municipal del PP, con un gesto de despotismo tan injusto como inexplicable, decide que su situación de voluntario social dando clases de forma totalmente gratuita, es incompatible con su status de concejal.

Él mismo lo explica, desde la sorpresa que le ha provocado esta situación, en una carta abierta que nos dirige a todo su alumnado:  “Nunca me hubiese imaginado que participar en una formación política, con el único fin de trabajar por y para mi pueblo, fuese el motivo de que me impidan seguir siendo voluntario e impartir unos cursos que, para mí, suponen la oportunidad de compartir y disfrutar la informática junto a mis alumnos y alumnas. Nunca me hubiese imaginado este fin ni estas formas (ni siquiera se me ha notificado formalmente, solo de palabra)…”

Ante la duda que plantea en en otro momento de su carta, ya lo digo yo: Siempre ha estado a la altura de las circunstancias. Ahora también.

Quienes no están a la altura que una sociedad democrática requiere, son los miembros del gobierno local de Sonseca, del Partido Popular. Esta decisión que han tomado sobre el apartamiento de Alejando de sus labores sociales, es claramente despótica, pero además, absolutamente estúpida. ¿Qué buscan? ¿Qué desean? ¿Se creen que el pueblo es suyo?

Pues no lo es. La Casa de la Cultura tampoco. Ni los distintos espacios que en ella se utilizan para el bien del pueblo. Jamás se ha pedido el carnet político a nadie que en este ámbito cultural quiere participar, como enseñante o como alumno. Jamás. Pero ahora parece que la vida social del pueblo ha de sufrir algunas parálisis, con claras sospechas de nepotismo (el tiempo lo aclarará), sólo porque a ellos les parece así.

No es la primera muestra de su comportamiento antidemocrático y su sentido de la propiedad de “lo público”: Ante la celebración del Día de la Mujer, vetaron, prohibieron, en la radio pública, un programa en el que dos concejalas del grupo socialista leían el manifiesto de ese partido sobre esa onomástica. Poco después, ante la exhibición de alguna bandera tricolor en la presentación de un oportuno libro sobre la memoria histórica, de nuestro paisano Emiliano Peces, no se cortaron en poner carteles diciendo que no se iban a permitir símbolos prohibidos por las leyes y la Constitución, como si fuese cierto que la Constitución o alguna ley de menor rango prohibiese esos símbolos republicanos.

Y podríamos relatar algunos atentados más a la decencia democrática. Pero yo hoy quiero insistir en esta barbaridad que están tratando de perpetrar contra Alejandro Martín- Peralta.  No es de recibo. El PSOE, con el apoyo de IU tienen que poner todos los medios, legales y comunicativos, para impedir tal tropelía, y me consta que lo están haciendo. Pero, además, sería deseable que la organización regional y provincial del PP tomara cartas en este asunto, si es que aún les importa la protección de su sentido de la decencia social y política.

Esa política que, desde todos los ámbitos, debiera ser un gran instrumento para beneficiar a las gentes, a los pueblos. Y a las personas que están dispuestas a trabajar en ese objetivo de manera desinteresada hay que aplaudirlas, no expulsarlas. ¿Os imagináis a cualquier voluntario o voluntaria de una ONG a quien no se le permitiera ejercer una magnífica labor humanitaria solo porque tenga una ideología distinta a la nuestra? ¡Qué mundo estaríamos construyendo!

Estoy lejos de Sonseca, no puedo abrazar personalmente a mi profesor y mi concejal Alejandro. Y quiero que cuando vuelva a mi pueblo pueda abrazarle para celebrar que sigue siendo las dos cosas y que la coacción mafiosa de quienes la ejercen, haya fracasado.

 


sábado, 30 de marzo de 2024

El Alzheimer de los dioses

 

Ricardo GAranda. 30-03-24

En algún sitio leí un cartel que decía “si no crees, guarda silencio y respeta” y pensé que era una forma muy rara de pedir respeto, esta de mandar callar. Pero es igual, los dioses no se ofenderán con lo que yo pueda decir hoy. Y si se ofenden se les pasará pronto, tienen frágil memoria. Yo diría que padecen de Alzheimer. Y si no es exacto, pensemos en ello como una clara y divina metáfora del olvido. Nos tienen olvidados.

Por ello, tal vez ni me oigan, ni me escuchen. Miserias, violencias de todo tipo, guerras, agresiones a mujeres, a niños. Hombres y mujeres que desean acabar con sus vidas ¿Dónde carajo están los dioses? ¿Es que no les interesa lo que aquí ocurre?

Podían abandonar ya sus paraísos de silencio y venir aquí, a la Tierra, a rozarnos y limpiar nuestras lágrimas, cerrar nuestras heridas, escuchar nuestros lamentos. Podían pasarse por las miserias de los barrios de chabolas, sin calefacción ni carne; por las ciudades destruidas por guerras y sunamis, por los rincones de mujeres violadas, por los antros de drogas de adolescentes. Podían subir a las alambradas y mellar las cuchillas manchadas de sangre, navegar en los mares donde están los niños y niñas que se llenaron de agua y ya no van a jugar. Al menos podían pasearse por las calles de las ciudades y preguntar a los sin techo dónde quedaron los suyos. Aunque fuera en silencio, escuchar sus historias de abandono, de ruptura, de huida. Y controlar los cuchillos suicidas de gente hundida.

No van a venir los dioses, no. Yo creo que ya no saben ni quienes somos ni el por qué estamos aquí. Tal vez estén hartos de nosotros, tal vez se les acabó su paciencia y ya no nos comprenden. Tal vez ya no soporten que nos comportemos como verdaderas mulas y luego nos escudemos en ellos: ¡lo que dios quiera! ¡lo que los dioses quieran!, ¿lo que los dioses quieran? Hay que ser ciertamente cenutrios para no darnos cuenta de que todo depende de nosotros mismos, somos los padres de la bondad y los creadores de la maldad. Los dioses, antes de olvidarse de nosotros, nos dieron las claves para la belleza, pero qué poco las usamos.

Somos los creadores de la maldad y nos encanta experimentar continuamente para nuestro gozo y presunción. Pero es lo que hay y, con frecuencia, nos hacemos a ello. No aceptamos nuestros comportamientos, pero los soportamos. Con frecuencia en silencio: calla, no critiques, no juzgues. Somos esclavos de nuestras palabras, dicen, como si nuestro silencio cómplice no nos esclavizara.

También somos los padres de la bondad y qué difícil nos resulta mimarla, exhibirla, mostrarla, enseñársela a los aprendices de buenos. De este conocimiento sí que debiéramos presumir.

Hasta en el amor somos egoístas, posesivos. Pero es nuestro gran momento. El amor nos salva un poco, nos reconcilia con nosotros mismos, eleva nuestra estima. Ay, si pudiéramos amar siempre a alguien. Pero nuestras paredes no soportan tantas atmósferas y se van resquebrajando, cuando no revientan bruscamente con la violencia machista del asesino de cuerpos, del asesino de amores.

No son los dioses, no. Somos nosotros, incapaces de entender el sueño del generoso amor, del imprescindible respeto.

Los dioses tal vez padezcan de Alzheimer, pero da igual, porque no son los dioses, no. Somos nosotros.

domingo, 21 de enero de 2024

Talvezcity

 

Ricardo GAranda. 190124

Nunca antes estuve en las calles de Talvezcity. En numerosas ocasiones soñé con ella en base a los datos que me fueron facilitando gentes que, a su vez, habían recibido esa información de otras personas que la habían soñado igualmente. El caso es que hoy estoy aquí, y me gusta.

Talvezcity no es un lugar como el resto de los lugares: tiene mar, pero su agua es distinta, con un brillo especial que la hace más aceptable, y algo más distinto ha de tener porque los surfistas no caen nunca, siempre cogen la ola a lo lejos y llegan en ella hasta la orilla. Es más, veo como algunos se introducen en un perfecto bucle, llegan a salir de él y aún pueden coger otro más antes de llegar a la arena.

Las calles no son del todo rectas, no son perfectas en ese sentido, pero están limpias. Quiero decir, perfectamente limpias, como podría estar el pasillo de una casa limpia. Hay vehículos, pero no suenan, ni huelen, ni se desordenan. Casi todos están en movimiento, alguno, excepcionalmente, está parado en los laterales por alguna necesidad perentoria, pero continúan su marcha enseguida, no hay vehículos aparcados en los laterales, me dice mi acompañante que la ciudad está hueca, hay un enorme espacio kilométrico debajo de nosotros para albergar a los vehículos cuando no es necesario moverlos. También me cuenta que, por esa otra planta, circulan largos y cómodos vehículos públicos que trasladan, de un lugar a otro de la ciudad, a la mayoría de sus habitantes. Tengo que bajar a verlo.

No hay basura, no se ve en ningún sitio ni cubos ni contenedores. Bueno, corrijo, seguro que hay basura, pero no se ve, no se huele. Leí en un folleto que me facilitaron en la oficina de información popular que en cada edificio hay un sistema por el que la basura de cada familia o centro de trabajo se va trasladando a través de un sistema de tuberías, pequeñas en sus inicios y con un diámetro creciente según va avanzando hasta unos enormes depósitos, en un tercer nivel, dónde se separa la que sea digna de ser reciclada, de la meramente orgánica. La primera se desvía, a través de unas nuevas tuberías, hasta las plantas correspondientes de reciclaje, la del papel, la del vidrio, la de cristal, la de plástico, etc... Y la última, la orgánica, se traslada a una descomunal fábrica que alimenta de energía renovada a gran parte de la ciudad.

Mi acompañante Fausto me informa que con la reconversión de la basura orgánica en energía se mantiene la necesidad de electricidad para los vehículos y los edificios de organismos oficiales. El resto, la energía necesaria para los vehículos y viviendas privadas, y para las diversas fábricas, se obtiene de un perfecto tándem de captación de recursos eólicos y solares. Cuando los días están claros, la energía solar es captada y trasformada a través de muchas pequeñas placas, alargadas, situadas discretamente en cientos de espacios de la ciudad: Plazas, rotondas, parques, jardines, además de otros cientos en edificios de todo uso. Cuando el tiempo es tormentoso y el sol esconde sus fuerzas convertibles, son pequeños molinos, de reducidas aspas, situados en las terrazas de los edificios más altos, los encargados de facilitar esa energía necesaria. Ahora se tiene ya muy avanzado un proyecto de energía undomotriz, que aprovechará la fuerza de las olas del mar. En el mismo tercer nivel, dónde tienen la reconversión de la basura orgánica, existen enormes acumuladores que guardan la energía no utilizada, para aquellos días dónde no existen las condiciones climáticas como para que funcionen adecuadamente ni las placas ni los molinillos.

Es por ello por lo que la factura de la luz de Fausto y del resto de los habitantes de Talvezcity, es de un coste bajo, casi insignificante, solo lo imprescindible para cubrir los gastos de mantenimiento de las plaquitas, los molinillos y los acumuladores.

No sé si ya comenté que los carburantes fósiles son totalmente inexistentes. Coches, cocinas, calefacciones…todo con energía eléctrica conseguida de las maneras que he narrado. Cada vivienda tiene un contador, pero no para saber lo que hay que pagar a final de mes, que se resuelve con una tarifa plana, sino para conocer el nivel de gasto que estás produciendo y que, lógicamente, ha de tener un límite solidario.

Una de las pocas cosas que me ha dado tiempo de comprobar es que en las casas tampoco hay instalaciones de internet. Este funciona gracias a un magnifico sistema de Wi-Fi público que llega a los lugares más recónditos de la ciudad. Este sistema también es gratis para utilizaciones grupales o individuales, para todo el mundo.

Es muy curioso lo que me cuenta Fausto sobre su financiación: el sistema se sostiene con un canon que pagan las marcas por “no publicitarse”, porque no hay publicidad en los medios de comunicación que usan el sistema internet. Me explica: “Si las demás marcas no hacen publicidad, yo tampoco necesito hacerla” por ello pago un pequeño canon de “no publicidad” que, como marca, me resulta muchísimo más barato que si tuviese que publicitarme.

Por la misma razón tampoco hay carteles ni luminosos de publicidad en la vía pública. Ya digo, calles limpias como el pasillo de una casa.

Le pregunté a Fausto por el funcionamiento del sistema Sanitario y él me fue explicando mientras andábamos hacia uno de los diez pequeños centros de atención sanitaria que estaban en activo.

Todo el sistema es público y totalmente universal. Facilita su sostenibilidad el reducido nivel de enfermedades que necesitan seguimiento y operaciones. La falta de contaminación, el reducidísimo nivel de estrés y la adecuada atención preventiva reduce el número de enfermos críticos.

No es gratuita para todo el mundo, continuó Fausto, en su momento se decidió que aquellas familias que pudieran tener poder adquisitivo para pagarse un sistema de sanidad privada, trasladaran ese potencial económico, con una importante reducción, al sistema de sanidad pública, tanto a su nivel asistencial como al de la investigación.

Como el nivel de renta per cápita de los habitantes de Talvezcity es elevado, los ingresos procedentes de quienes pueden permitirse estas aportaciones, son suficientemente importantes como para que la administración pueda facilitar los medios económicos necesarios para un casi perfecto sistema de investigación. Desde luego, los mejores investigadores del mundo no ponen ningún reparo en venirse a trabajar a esta ciudad.

Una de las consecuencias más espectacular es la enorme reducción de fallecimientos por enfermedades como el cáncer. No solo porque se hayan descubierto en estas investigaciones fármacos y tratamientos para evitar la mortandad de esta enfermedad, sino porque, además, los adecuados medios de investigación comprobaron una antigua sospecha: El estrés moviliza en nuestros organismos las células cancerígenas que durante muchos años están inmovilizadas en él. Sencillo, reduce el estrés y reducirás los casos de afectaciones cancerígenas.

Mientras me contaba todo esto, llegamos a uno de esos diez hospitales. Pequeño, silencioso, relajante. En recepción, Fausto puso su huella dactilar en una pequeña pantalla y una voz le saludó por su nombre y se ofreció para atenderle en lo que necesitara: petición de cita previa o cumplimiento de la que ya tuviera. Yo lo intenté también para probar y la voz me avisó de que no me reconocía el sistema pero que en menos de dos minutos sería atendido. Así sucedió, enseguida apareció un joven con bata que estaba dispuesto a ayudarme a que me atendiera el doctor o la doctora correspondiente.

Fausto me contó que para que la atención fuese más directa y eficaz habían pensado que era mejor tener varios pequeños hospitales en lugar de un Macro. Más caro, aparentemente, pero más eficaz para cubrir el objetivo que se perseguía: la salud de los habitantes de Talvezcity. Parece que, en su momento, pensaron que, al final, cubrir el objetivo con eficacia resultaba mucho más económico que no cumplirlo y aceptar las consecuencias de largos periodos de enfermedad en un número elevado de casos.

Después de esto ya no pregunté por el sistema educativo, supuse que su sostenimiento estaría basado en el mismo sistema. Por ello, igualmente, los mejores especialistas y los mejores educadores del mundo estarán deseando venir aquí a trabajar e intentar desarrollar sus ideas. Mi amigo me confirmó que era, igualmente, universal, con el mismo sistema de cuotas que el sanitario.

Desde el hospital nos sentamos en la terraza que una cafetería tenía en un parque cercano. Un parque inmenso con enormes árboles, algunos de ellos bien apuntalados, parece que preferían asegurarlos antes que podarlos por el miedo a su caída. Seguimos hablando mi amigo Fausto y yo, y, ante mis preguntas, continuó informándome del funcionamiento de más cuestiones en esta extraña ciudad. Le pregunté cómo funcionaba el apoyo de la administración a las artes y espectáculos, y ¡uy sorpresa!: cine, teatro, música, literatura, pintura y escultura, etcc… Todo es de competencia totalmente privada.

La razón, según me cuenta, es que la administración nunca quiere favorecer a algunos con lo que ello supone de menosprecio a los demás. No hay siquiera premios o valoraciones públicas, consideran que todo ello estaría basado en un sistema subjetivo, siempre sospechoso de favorecer a unos con el perjuicio de otros. Se comprende que hay técnicas de laboratorios o de estudios arquitectónicos, para valorar la composición de un fármaco o la viabilidad de la construcción de un puente, pero ¿quién puede valorar la calidad y la belleza de una obra de arte, de una composición poética, de una pieza musical? Parece que llegaron a la conclusión de que desde la administración pública no se deben hacer esas valoraciones, que siempre serán tan acertadas como erróneas. Consideran que este es un asunto que debe resolverse en las relaciones privadas, dónde instintivamente se acepta el margen de error subjetivo.

Me daba mucha pereza despedirme y volver a mi mundo, en el que los surfistas se caen al agua derribados por las olas, dónde sus calles están manchadas de grasas, humos y cáscaras de cacahuetes, animadas con el ruido de los autobuses que frenan y aceleran, con coches mal aparcados ocupando más del espacio que le corresponde calles en las que se huele los contenedores de basura orgánica mezclada con todo tipo de materiales potencialmente reciclables. En el que hay que pagar facturas, a veces inasumibles, de electricidad y gasóleo y comunicaciones con una molesta publicidad que supone una subida de precios de los productos anunciados que después tenemos que ir adquiriendo. Un mundo en el que hay que asumir los riesgos de unos sistemas de sanidad y enseñanza masificados, deteriorados y mal atendidos, que, a pesar de ello, se llevan por delante gran parte de nuestros impuestos.

Me estaba dando mucha pereza volver a parques con árboles podados y aceptar el nivel de calidad de un artista, de un poeta, de un novelista en razón a las ayudas y premios recibidos. Me daba envidia de Fausto.

--¿Tus padres nacieron aquí? Le pregunté. Y su respuesta fue mi última sorpresa:

--Ni mis padres, ni yo, ni nadie de las gentes que vivimos en Talvezcity:  Lo hicimos, lo construimos.

jueves, 9 de noviembre de 2023

Gracias Presidente.

 

Ricardo GAranda 101123

Gracias, Presidente, por facilitarnos que mejoren nuestras relaciones con nuestros paisanos catalanes. Si lo que queremos es la unidad de España habrá que dar primero el paso de llevarnos bien entre los españoles. Digo yo. Con el odio se une poco.

La derecha está que rabia. No asume que ellos no pudieran tener los apoyos necesarios para gobernar “su España”. Mientras que Pedro Sánchez, el PSOE, si ha sabido sanear las diferencias, algunas muy complejas.

Y así es como solucionan nuestras leyes estos conflictos: Quien consigue suficientes apoyos parlamentarios, gobierna. Y seguirá gobernando mientras esos apoyos se mantengan. Nuestro sistema democrático no es asambleario, es parlamentario, y creo que nos gusta a casi todos que así sea.

El representante de Coalición Canaria, planteó que ellos podrían perfectamente votar contra la amnistía, intentando que el Parlamento no la ratifique, pero también votar a favor de la investidura de Pedro Sánchez si este atiende sus reivindicaciones. Planteándole el periodista que parecía una contradicción, él se limitó a decir: “Es democracia”.

Democracia, eso que le cuesta tanto asumir a la derecha. Sobre todo, a esa derecha con planteamientos nada democráticos en sus acciones: VOX. Su violencia no es un impulso irreflexivo, es una estrategia que necesitan potenciar en momentos de confusiones sociales. Ya lo sabíamos, pero ahora, con el atentado callejero a Vidal Quadra, hemos confirmado públicamente que los inicios de VOX estaban unidos a la guerrilla iraní contra su gobierno. Parece que ellos les financiaron y, me temo, que de ellos aprendieron técnicas de guerrilla urbana.

Con estos violentos gobierna el PP en varias comunidades autónomas, y con ellos pretendía gobernar el País. Para evitarlo, solo había un camino, pactar la condición de la amnistía. Se lo dijo Ortúzar a Feijoo cuando este le insistía para que el PNV le diera su apoyo a su investidura: “Si me das a elegir entre VOX y la amnistía, la cosa esta clara, prefiero la amnistía”

Se han quitado ya definitivamente la careta, atacar la calle y con un Abascal que dice “o conseguimos llevar a los tribunales a Pedro Sánchez o terminamos todos en la cárcel” . Amigos en la magistratura tienen de sobra para conseguir lo primero. En cuanto a lo segundo, que terminen varios en la cárcel, se me ocurre una situación curiosa: Si acaso el PP necesitara a VOX para gobernar dentro de cuatro años, no me sorprendería que la condición de VOX para su apoyo fuera la amnistía para liberar a los que ahora puedan ser imputados.

Pero, además Presidente, quiero darte las gracias porque con tu gobierno con Sumar, se podrá seguir la línea iniciada durante estos últimos años con Podemos: Gobernar para los sectores más desprotegidos de esta sociedad, los asalariados, las mujeres, los jubilados, los desempleados.

Seguir gobernando para defender y potenciar lo público, la sanidad, la educación, la asistencia doméstica. Todo eso que la derecha quiere cargarse y que lo está consiguiendo, hasta donde puede, en las Comunidades en las que gobiernan.

¿No vale todo esto una ley de punto cero en Catalunya?

Este Gobierno que ahora se empieza a ver como viable, tendrá el apoyo de más de la mitad de los españoles, en la calle y en el Parlamento. ¿Comprenden esto en el PP? ¿Comprenden que los catalanes y los vascos son españoles, tanto como los madrileños de doña Isabel? Creo que quienes defendemos la unidad de España comprendemos que esto tiene que ser así.

Gracias, Presidente.


jueves, 19 de octubre de 2023

¿Y de qué voy a escribir?

Ricardo GAranda. 201023

Con la que está cayendo me cuesta inventarme una historia pero es que me duele escribir sobre la realidad. Hasta escuchar la radio duele. Los creyentes debieran estar contentos de poder estar equivocados. De que realmente no haya nadie en ningún sitio que pueda controlar mínimamente esto, que no haya ningún dios todopoderoso responsable de las atrocidades que los humanos, de forma colectiva, ejecutamos.

No hay excusas, somos nosotros, los hombres y mujeres que formamos parte de esto que llamamos humanidad, tan racional, tan inteligente, tan empática que matamos por una patria, por una idea religiosa, por un terreno, por unos euros, por un extraño sentido de la propiedad física. No hay excusa, somos nosotros.

¿De qué voy a escribir? ¿Me invento una historia genial que hable de lo etéreo del ser? ¿De la sensibilidad de la persona? ¿Del amor entre los seres humanos? ¿O hablo de Ucrania, Palestina, Sudán, Afganistán … o cientos de realidades que hablan de muerte, explotación, anulación de libertades, odios…?

Esta mañana he escuchado la historia de un sudamericano que quiso venir a Europa a ganarse la vida. Para empezar bien, aceptó hacer de “mula” en el aeropuerto. Fue a la cárcel, y desde allí, para que no se enteraran los suyos, se fue inventando una vida, estaba en Paris, en Múnich, en Barcelona… hasta que se fue cansando y terminó desapareciendo. Pero vivía en la cárcel. Llegó a ella su hijo, que había pasado por lo mismo, se miraron y siguieron andando por el patio sin decirse nada. Preferían no existir, aunque existían.

Según lo oía tenía el terrible sentimiento de que, a veces, tal vez sea mejor no existir, aunque existas. Tal vez fuera mejor encerrarse en la cueva y salir cuando el mundo hubiese dado la vuelta, como un calcetín. Pero no hay previsiones de cambios. Seguiremos matándonos la gente en unas guerras por defender a nuestros dioses, a nuestras tierras, a nuestras tradiciones, y a veces sin saber muy bien qué es lo que defendemos. Seguirá habiendo terribles diferencias entre los superricos y los que no tienen nada que darles a sus hijos, ni un techo para acogerlos. Seguirá creciendo el odio a quienes no son como nosotros, al diferente. Seguirá existiendo, y tal vez creciendo, ese machismo asesino que mantiene a las mujeres temblorosas y obligatoriamente precavidas, recelosas.

¿De qué va a escribir alguien cuando le abruma el desencanto y la tristeza? ¿de alegrías? ¿de futuros optimistas? No lo veo. A mí, con frecuencia, como ahora, solo me apetece denunciar, quejarme. Ya sé que sirve para poco, hace años que lo sé. Pero hace años que, sabiéndolo, lo sigo haciendo, aunque solo sea por no rendirme yo también.  Y a mi edad he ido viendo rendirse a muchas, a muchos. Demasiados, demasiadas.

¿Hacia dónde va todo esto? Se bombardean hospitales y el mundo no se mueve, mueren niños, mujeres, ancianos, todos inocentes hasta el extremo, y el mundo no se mueve. Ahora en Israel-Palestina, pero no solo allí. En lo que me pareció un momento de exageración, hace unos días escribí un Twitter en el que decía: “Empiezo a pensar que en el mundo nos merecemos gobernantes como Netanyahu y Trump”. Ahora, días después, pienso que tal vez no fue tanta la exageración del momento.

Porque, por mucho que nos parezca insoportable lo que está ocurriendo en Gaza, y no solo allí, por mucho horror que nos produzca la información de los miles de muertos, niños, ancianos, por mucha sangre que veamos y seamos capaces de aguantar hasta el vómito, hay algo mucho más duro, más incomprensible para el concepto de humanidad: El que el mundo, sus gobiernos, sus pueblos, unos de una manera y otros de otra, lo permitan.

Es como si fuésemos aceptando que esto es así, que no tiene remedio, que ya no aspiramos a ser mejores.

Y eso es peor que la muerte.

 


jueves, 5 de octubre de 2023

“Smattricanipitayeassss”

 

Ricardo GAranda

No tenía yo claro cuál podía ser el origen de lo que parecía un terrible grito de queja, seguí subiendo por el sendero, creo que aceleré mi paso. Volvió a sonar a los diez minutos, en absoluto estaba seguro de que fuera un grito humano.

Me empezaron a entrar dudas, dudaba sobre si lo que más me empezaba a preocupar era que fuese un sonido emitido por una garganta humana desesperada, o, por el contrario, que se tratara de algún animal atrapado o herido.

Mi llegada a la pequeña explanada coincidió con un tercer grito, ahora mucho más suave, pero pensé que aquella mujer estaba loca, allí gritando al lado de la fuente de Cumaz.

Era muy temprano. Lo normal, lo que ella debiera esperar, sería que nadie la oyera. Mi presencia suponía una tremenda casualidad, nunca madrugo tanto, había dormido en Morillo de Tou y, en esta ocasión, casi amaneciendo, salí en dirección al Cañón y me puse a andar la ruta. Necesitaba el silencio que permitía el ruido del agua incordiado por el graznido estridente de una urraca o alguna otra ave que la imitaba. Después de andar poco más de una hora por el sendero de ese limitado silencio, me habían alarmado los gritos de aquella mujer. Se cortó cuando me vio, aunque siguió con sus lamentos.

Por su forma de gritar, pareciera que venía quejándose desde “otro mundo”.

En dos piedras distintas y distantes, aunque del entorno de la fuente, nos sentamos. En realidad, ella ya estaba sentada. Yo la miraba, entre intrigado y ansioso, esperando que me contara algo, que me explicara sus gritos, aunque no sé muy bien por qué tendría que hacerlo. Ella, sin embargo, miraba al suelo con unos ojos de angustia que yo, lógicamente, era incapaz de asumir y, menos, interpretar.

Solo aquí puedo gritar, dijo.

Pues si lo necesitas, continúa, le respondí yo. Y agregué: por mí no te preocupes, como si no estuviera.

Debió de pensar que ya no era lo mismo, negaba en silencio, como queriendo indicar que ni siquiera en este punto alejado del “mundo-gente” encontraba la necesaria soledad para gritar “sus mierdas”. Sacarlas fuera, que se escaparan entre los pinares de ese cañón, que fueran absorbidas por las truchas del rio, que volaran entre los pájaros por ese aire de destino desconocido, que se perdiera muy lejos de ella y la dejaran reiniciar su camino, su vida.

Grita, le insistí. Y gritó muy fuerte:

“¡Smattricanipitayeassss!”

La naturaleza pareció quebrarse, desde la cima de la montaña más alta, hasta el fondo del inquieto rio.

Ni ante un desconocido quería expresar lo que en esos momentos le dañaba. Pero el extraño grito se me coló dentro de mi cuerpo y sentí un desasosegante escalofrío que me recorrió la columna vertebral desde la primera vértebra cervical hasta llegar al sacro y desde ahí escapar a mi control.

Callé, esta mujer necesitaba estar sola y yo me levanté, balbuceé alguna frase que indicara despedida, me hizo un leve gesto que pareció de agradecimiento. No supe muy bien si por animarla a desahogarse o por irme y dejarla sola en su piedra.

Inicié el camino de regreso, en silencio, esperando que algún eco rebotado en aquellos inmensos muros de Añisclo pudiera darme alguna pista.

Ya no escuché nada, ni a la urraca, sólo el agua.