MAS DE CIEN PALABRAS Y UNA MIRADA
La Isla de la ahogada
Vivir en aquella isla era lo más parecido al paraíso. Todo
estaba a mano. El clima era apacible y permitía un vivir confortable. La
dimensión de aquel pedazo de tierra hacía que casi todos los moradores de aquel lugar fueran como una gran familia. Nadie era desconocido
para nadie y la solidaridad y el compañerismo era la tónica dominante entre los
habitantes de aquel paraje. La cercanía al continente y las continuas
comunicaciones por barco hacían que no se notase la situación de insularidad.
Nada se echaba a faltar. Nada invitaba a abandonar aquel lugar…
¿Nada?...
Aquella playa era conocida como la playa de “La ahogada”.
Era una vieja historia sobre un naufragio que derivó en la aparición de una
mujer a las puertas de aquella gran cueva.
Paseando por aquella playa fue cuando se lo dijo. Era uno de
los rincones más mágicos de la isla. La cueva era un refugio donde habían disfrutado de
momentos de intimidad mirando al mar infinito y los acantilados del otro lado
de la playa:
- --Me ahogo en esta isla. Quiero irme. Necesito
horizontes más grandes. Conocer el mundo. Sé que donde vaya no será igual que
aquí. Pero esto es oprimente.
--Yo nunca he sentido ese agobio. Aquí somos
felices. Tenemos todo lo que necesitamos. Un buen trabajo. Amigos que son como
la familia. Familia que se comporta como buenos amigos. Y luego están ellas…
las niñas…
-
--Lo sé. Y eso es lo que más me duele. No pretendo
cambiar la vida de ellas.. ni la tuya.. aunque sé que esta decisión afectará a
todo… Pero entiéndeme, lo necesito. Necesito tener la oportunidad que me ofrece
ese mundo al otro lado de este mar que ahora empieza a ahogarme poco a poco…
-
--Yo no puedo evitar que alces el vuelo. No
comparto tu idea. Pero no puedo oponerme a tus sueños. Hacerlo sería condenarte
a no ser feliz. A obligarte a pensar que hubiera pasado si hubieras hecho
realidad tus sueños. No te acompañaré. No te acompañaremos. Pero te
esperaremos. Recuerda que aquí dejas a las que más te quieren…
Y así fue como un dia cualquiera él se marchó en busca de sus sueños. Mientras tanto ella seguía visitando aquella cueva, esperando el día en que volviera, una vez satisfecha sus ansias de mundo, o añorando el calor de aquella isla entrañable...
El dejó su corazón en la isla. Pero necesitaba volar. Y eso hizo.
Ella le dejó marchar. Siempre respetó su ansia de libertad.
Sus ganas de crecer. Su forma de vivir sin ataduras. Sin cadenas. Eso era parte de su encanto.
Desde que se fue iba cada día a aquella playa. Entraba en la penumbra de la cueva y le recordaba. La tristeza había hecho mella en su espíritu, pero sabia que algún día el volvería. Le dejó volar para sentirlo más cerca.
Allí en la playa de la ahogada ella se desahogaba llorando en la cueva donde fue feliz. Solo la cueva de la ahogada sabía de sus penas. Luego…
Desde que se fue iba cada día a aquella playa. Entraba en la penumbra de la cueva y le recordaba. La tristeza había hecho mella en su espíritu, pero sabia que algún día el volvería. Le dejó volar para sentirlo más cerca.
Allí en la playa de la ahogada ella se desahogaba llorando en la cueva donde fue feliz. Solo la cueva de la ahogada sabía de sus penas. Luego…
Luego se secaba las lágrimas, salía a esa playa luminosa,
recogía a las niñas… Y seguía con su vida, con la de ellas esperando a que él
volviese.
Volvería. Estaba segura.
JLROMERO
@romerojl
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