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Años
después, cuándo mi hija expresó sus deseos de formarse, igualmente, en el
terreno de la comunicación, la profesión de periodista seguía siendo muy digna
y socialmente deseable y necesaria.
Ahora
es más deseable y necesaria que nunca, pero un importante número de
“profesionales” la han convertido en indigna. El objetivo ya no es informar,
sino convencer. Gran parte de los periodistas más nombrados de éste país, y
siguiendo su estela también gran parte de los menos conocidos, han dejado de
ser informadores para convertirse en meros divulgadores de las doctrinas
emanadas de las mentes de los ideólogos de los partidos políticos.
Es
verdad que aún queda un pequeño grupo de grandes periodistas, y otros que tal
vez lleguen a serlo, que se avergüenzan de lo que está ocurriendo. De ellos y
ellas, gracias al sostén de las redes informáticas en la mayoría de los casos, depende
el futuro de esta bellísima labor de informar, lo más objetivamente posible, de
lo que pasa en nuestro barrio y en nuestro Mundo.
Son
ésta colección de mercaderes de mensajes en la pantalla y en la columna de los
diarios los que se escandalizan de que el Ayuntamiento de Madrid haya decidido
comunicar las decisiones que creen noticiables a través de una página Web
oficial. Son ésta colección de mercaderes de mensajes siguiendo las consignas
de políticas y políticos frustradas y frustrados por su pérdida democrática de
poder. Y en algún caso están respaldados por sus propias asociaciones
profesionales. Inaudito.
¿Todavía
no se han dado cuenta de que la fiabilidad que ofrecen la mayoría de ellos y
ellas, para la gente que tenemos un mínimo criterio sobre la realidad que vivimos, es cero? ¿Aún no han comprendido
que la, por ellos mismos denostada, iniciativa del Ayuntamiento de Madrid va a
tener que ir siendo adoptada por todas las instituciones que quieran garantizar
un mínimo de objetividad y garantía de certeza en la divulgación de las
informaciones que generan? Tal vez, su nivel de mediocridad personal y
profesional les crea el problema de perder “su inteligente originalidad” al no
poder manipular la información desde su base según los criterios de quienes les
dirigen.
En
la página Web estará la información tal y como nace en la institución dónde se
origina, es a partir de ahí dónde un buen o una buena profesional estaría en
condiciones de encontrar los colores de la noticia, las cinco “dobles W”, de
los maestros anglosajones. Y además podrá hacerlo con la garantía que ofrece la
propia institución generadora de la noticia. Un chollo si no se sintieran en la
necesidad de tener que interpretarla a su placer para confundir a la gente que
aún quiere tomarlos en serio escuchándoles en ciertas tertulias o leyendo sus dogmáticas columnas
en ciertos diarios.
Además,
¿Qué diferencia hay entre la información básica en una página Web y la que se
desarrolla en la tradicional Nota de Prensa?. Ambos métodos sirven para un
mismo fin, marcado por un claro mensaje: “Esto es lo que hay según nosotros, si
queréis ampliar haced vuestro trabajo de entrevistas, contrastación y
documentación”.
La
diferencia es que la página Web sirve para algo más, también con otro evidente
mensaje: “No mintáis porque la realidad de los hechos es ésta”.
Eso
debe ser lo que les tiene de los nervios.
Ricardo Garanda
Rojas
(@rgarciaaranda)
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